martes, 30 de diciembre de 2014

Tiempo

Mucho tiempo sin escribir, Y no porque hayan faltado asuntos sobre los que hacerlo: Syriza y el vuelco electoral en el euskobarómetro;  la verdad o falsedad de la recuperación y la salida de la crisis; la terrorífica (¿tendremos que recuperar el “terror blanco”?) confirmación de que no basta tener trabajo para salir de la pobreza; nuevas y persistentes corruptelas, mentiras, engaños… y el mensaje navideño del hermano mayor; los primeros grandes fríos, Sto. Tomás en “el exilio”; las Navidades y la familia y la inminente llegada de un año nuevo; los trabajos de construcción en una nueva-vieja casa que me han conducido a practicar la jubilación en el sector primario; los últimos paseos de senderismo del año, teñidos por la muerte de alguien que no hace unos meses caminaba con nosotros; un par de suicidios conocidos en un pueblo de apenas 6.000 habitantes, como es Medina; un par de novelas “acabadas” antes de la página 40; …
Pero a la abundancia de temas se han impuesto la “falta de tiempo” (increíble, pero real), la vagancia y la dejadez.
Cuando la cabeza no está en un lugar, hace falta mucha disciplina para respetar el tiempo y la dedicación debidos a ese lugar. Y yo ya no estoy para esos trotes disciplinarios.

Sin embargo, la vida sigue, y sigue con muchos matices. Habrá que sentarse-pararse para degustarlos. Tiempo al tiempo. FELIZ 2015

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Ingeniería financiera

La semana pasada la prensa repetía en un titular el hecho de que las grandes empresas en España pagaron alrededor de un 5% de Impuesto de Sociedades. Digo que lo repetía porque esta misma noticia la podéis encontrar en cualquier hemeroteca desde hace un porrón de años.
Así que me he ido a Wikipedia y he extraído lo que sigue: 
“El IS en España es del 30% para las grandes empresas y del 25% para las pequeñas y medianas empresas, excepto en el País Vasco, que dispone de autonomía fiscal, y donde es del 28%.”
Lo que hay entre el 5 y el 30% se llama, eufemísticamente, ingeniería financiera.
Por puras ganas de hacerme mala sangre comparando, he buscado mi declaración de la Renta del año pasado y he recordado que me aplicaron un tipo (se llama así) del 26,08%. Sin ningún descuento, porque, torpe de mí, no tengo ingenieros financieros.
Como estamos a finales de año, recuerdo cuando sí podíamos hacer uso de esos ingenieros. Por estas fechas, en la Caja (que ni “pa” Banco me llegaba) me recordaban que podía dedicar parte de los ahorros del año (más eufemismos) a mi plan de pensiones porque eso desgravaba y, antes, a amortizar el crédito hipotecario, que también lo hacía.
Y, a veces, muy pocas, uno quitaba una parte de la extraordinaria y se la daba a la Caja para en la declaración del mayo siguiente desgravar 40 ó 50 euros (su equivalente en las pesetas de entonces, vamos)
Ahora ya ni eso. El 26,08. Sólo queda una ingeniería financiera, tan pequeña que más que ingeniería parece una F.P.: esa que te plantea tu “asesor financiero” cuando te pregunta: “¿lo quiere con IVA o sin IVA?”.
“Con IVA” significa: le damos un poquito más al Estado, que somos todos, menos esos señores del 5%, y así igual nos llega con que ellos pongan el 4,9%. (A estas alturas nadie puede insultar nuestra inteligencia haciéndonos creer que las grandes empresas son entes abstractos, impersonales, anónimos. No. Se trata de grandes empresarios, con personalidad física, concreta y con nombre y apellidos).
“Sin IVA” significa: allá usted, luego no podrá reclamar nada. Y encima se queda usted con la mala conciencia de creerse tan defraudador (en el fondo… ¡ay, el fondo: que gran invento) como el del 5%.

Casi todo esto, lo que acabo de escribir viene a cuento de que en estas fechas siempre pienso en qué le puedo desear para el año próximo a los que leéis. Este año lo tengo muy claro: que todos vosotros, TODOS, estéis en disposición de disponer de un par de ingenieros financieros durante todo el año. Aunque luego los mandéis al paro.



miércoles, 10 de diciembre de 2014

Limbo

“Una novela es una construcción, una aventura, una hipótesis. La verosimilitud me interesaba más que la filología; la posibilidad más que la crónica, así que me he tomado bastantes libertades”. Son palabras de Melania G. Mazzucco
Así presenta (o despide) “Limbo”. Se trata de la historia del enamoramiento de un hombre y una mujer (podrían haber sido dos mujeres o dos hombres: hubiera dado lo mismo). El tema no es nada original.

Lo que sí lo es son las historias vitales de ambos personajes, que conducen al encuentro y el amor (¿y al desamor?: no os daré ni media pista que deshaga el suspense de la novela) entre ellos.
Ella es una joven soldado italiana de misión en Afganistán, de donde volverá a casa malherida. Él… de él no os diré nada, por la razón anterior. Si lees la novela lo descubrirás al llegar a la tercera parte de ella. Ambos viven en el Limbo, no en el de la frase retórica, sino en ese que no es ni Cielo ni Infierno, ni Purgatorio.
“Limbo” es una novela hermosa, “grande” por lo inusual de la historia, bien construida, cuidada, sin que pierda el interés, salvo, quizás, en determinadas descripciones militares que, si es verdad que interesan a la construcción de la novela, a mí a veces me han resultado farragosas.
Me parece muy recomendable su lectura y pienso que las dos primeras partes son muy interesantes. Luego, el último tercio, aunque ilumina y aclara muchas de las cosas que habían sucedido antes, quizás no hacía falta. Quizás por sí sola, ella hubiera podido ser otra novela.
Así que tenéis dos por una.

Os dejo con esta maravillosa metáfora sobre la vejez: “Pero yo soy vieja, soy como la luna al amanecer, me queda poco tiempo por vivir”

martes, 9 de diciembre de 2014

Mil noches una boda

Ayer cumplí(mos) con una vieja tradición. Tan vieja que es anterior a la existencia del video, el DVD o la piratería en la Red. Con semejante tarde: día de fiesta, lluvia, viento, tiempo totalmente desapacible, el lugar natural para una pareja es el cine. Así fue durante muchos años. Ayer recuperamos la tradición, después de muchos meses.
“Mil noches, una boda” es una película que plantea (replantea, una vez más) la disyuntiva entre “libertad” y seguridad, entre el respeto a una misma y la aceptación de las convenciones sociales, siempre plagadas de tics machistas.
El tema no tiene mucho de nuevo. Lo que resulta curioso, cuando menos curioso, es que el planteamiento se haga sin explícitas reivindicaciones feministas y con una historia que tiene por protagonista a una señora de 60 años, “soltera”- madre de cuatro hijos y cuya vida entera parece haber dependido de su trabajo en un cabaret situado en la frontera entre Francia y Alemania.
Para mayor sorpresa, por lo que he entendido, la historia no sólo se basa en hechos acontecidos, sino que además está interpretada por la misma mujer y sus hijos que los han vivido.

Es una película sincera, fácil de seguir y de involucrarte, más que digna y tan interesante como para ser declarada (por seguir con las muy viejas tradiciones) de “las de cine-forum”.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Mirando lo que importa

Desde hace mucho tiempo me ha gustado la pintura, más aún el cine, y, por delante de los dos, el teatro.
Recuerdo que a lo largo de mi vida de educador utilizaba muy poco las posibilidades abiertas por el arte pictórico. No me movía con facilidad en él  a la hora de expresar lo que veía-sentía y, como mucho, procuraba que las imágenes que necesitaba para mis explicaciones tuvieran un componente de belleza declarado.
Tampoco usé mucho el teatro, quizás era más difícil. Aunque lo intenté. Hubo un tiempo en que el teatro leído fue uno de los componentes de la metodología que utilizaba. Allí me movía mucho más a gusto, casi como pez en el agua. Hubo un tiempo anterior en el que tonteé con la dirección de alguna obra de teatro. Pero, el teatro requiere tiempos largos, espaciosos y esos no abundaban en los horarios escolares.
Sin embargo, el cine lo usé (lo usamos) mucho más. No en vano, llegamos a construir una “asignatura” de sociales apoyada en varias películas. Creo que, incluso, hubo momentos en que toda la historia se explicaba a través de películas.
Pero, aún entonces, siempre fui consciente de que no era capaz de trasmitir nada (¿casi nada?) sobre la forma en que estaba realizada la película. La historia que contaba era más o menos trabajable, discutible, pensable, razonable; pero, el ritmo de la acción, la interpretación, la planificación, la iluminación, la música, las “formas” era algo que no tenía cabida, que los alumnos ni siquiera intuían.
La “belleza” en suma de las formas que utilizamos para hablar de lo más íntimo que tenemos, las metáforas, los colores, los travelling, los contrapicados, el encuadre, la “visión del artista”… ¿se nos han perdido?
Así que nada hay de extraño en esta imagen que le robo a  "El descodificador" en la noche de hoy.

Sólo hay una gran pena por lo que esos chicos se están perdiendo.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Recuerdos, añoranzas y más

Esta semana ha sido semana de recuerdos, añoranzas y demolición de ese aserto que dice que cualquier tiempo pasado fue mejor. Todo ello en el ámbito de mi pasado como educador.
Primero fue Andoni reteniendo el título de campeón de España. Luego llegó un e-mail de una de sus compañeras de estudios que decía recordarme al hilo de un libro que una vez le regalé. Por último la presentación de la celebración del 50 aniversario de la “EPO” (la “E” de escuela me gusta mucho más que la “C” de centro, y ahora puedo mantener mi pequeña iconoclastia).
(Nota para algunos.- Lo que durante mucho tiempo fue “Escuela Profesional de Otxarkoaga, no sé cuándo se trasformó en Centro, por alguna cuestión administrativa).
En el primer caso encontramos una demostración palpable de que no hay que tirar nunca la toalla. Y nunca vendrá mejor que aquí el símil pugilístico. Me alegro mucho por Andoni, muy mucho. El sabe muy  bien de mi afecto. Pero, más allá, está la certeza de que en la vida siempre hay un meandro por que el que encontrar una salida y tirar p´alante. ¡Cuántas tentaciones de tirar la toalla en el mundo de la educación!  ¡Cuánto “con este no hay nada que hacer”!. Y ¡qué lejos de nuestro estilo (el mío y el de otros mucho con quienes eduqué codo con codo)!
Lo del libro es muy interesante. Siempre he respetado a esa gente (buena gente) orgullosa (con razón) de ir haciendo en su casa una “pequeña-gran” biblioteca, gente que no permite que nadie le “robe” un libro no sea que no lo devuelva.
Durante mucho tiempo yo pensé y practiqué que cualquiera podía coger y llevar mis libros. No todos. Algunos por “raros”, por “queridos”, o por  "subrayados-trabajados-escritos en los márgenes", no entraron nunca en la categoría de “llevables”. El resto sí. ¡Cuántos libros “perdidos”! ¡Cuánto teatro y cuánta novela comprada y recomprada para que se “perdiese”!
Y ahora alguien se acuerda de mí, mientras cursa un máster de sociología (aquí podéis situar mi añoranza), al trabajar con un libro que yo le regalé no recuerdo cuándo. ¿De verdad cree alguien que aquel libro estaría hoy mejor en mi biblioteca?
Y, por último, presentación del 50 Aniversario de la EPO. Al final del acto me preguntaba Txutxi (el organizador) qué me había parecido. Y no le contesté más allá de subrayar algún detalle pequeñito.

Es que no estuve muy atento a lo que decían o hacían. Mi interés no estaba en la tribuna sino en el público. Y allí sí que había alguna respuesta interesante a su pregunta, al menos allí estaba mi respuesta: me ha faltado alguna gente, pero me he hinchado a sorpresas y abrazos. Me he reencontrado, por un momento, con un montón de gente que significó mucho en diferentes momentos de mi vida (con unos cuantos que aún siguen significándolo) y eso, amigo, bien vale que la Escuela haya tenido que aguantar 50 años.

martes, 11 de noviembre de 2014

Informe FOESSA sobre exclusión social

Y, mientras yo leía a Gioconda Belli, en Bilbao se presentaba el VII informe FOESSA sobre exclusión social. Os dejo aquí el link  (http://www.foessa.es/ ) en el que podéis encontrarlo.
Y para los que os seguís dedicando a la educación, allí donde yo intenté hacerlo, trascribo un cuadro de dicho informe (aunque los datos concretos habréis de buscarlos allí, en su página web). Dice así, hablando de la crisis:

¿A QUIÉN HA AFECTADO EN MAYOR MEDIDA?
  • Sexo: Se reducen las diferencias por sexo.
  • Edad: Se multiplican las diferencias por la edad generalizándose la vulnerabilidad del colectivo juvenil.
  • Relación con la actividad: Aumenta el grupo de trabajadores en exclusión.
  • Nivel estudios: La exclusión se intensifica ante la falta de estudios inferiores a la ESO y comienza a mostrar síntomas de debilidad en los niveles superiores.
  • Nacionalidad: retrocede en gran medida la integración de las personas inmigrantes.

Quiero entender que lidiáis con la más fea: edad juvenil, de familias de trabajadores, con estudios inferiores a la ESO, y muchos inmigrantes.
Ya sé que es cosa sabida, pero que lo digan los informes “serios” no está mal. Quizás alguien los escuche, alguien con capacidad para poner manos a la obra en el proceso de cambiar esta tendencia

El intenso calor de la luna

“El intenso calor de la luna” es la última novela de Gioconda Belli.
Escribo sobre ella con la profunda sensación de sentirme defraudado. Belli escribe bien, muy bien, es capaz de cargar su prosa de una poesía bella y profunda, pero en esta novela sólo aparece esa cualidad en contadas, muy contadas, ocasiones.
Estamos ante una novela “ya sabida”: la mujer no es sólo sexualidad y lo que parece su final, la menopausia, puede convertirse en el gran momento para revolucionar la vida propia y encontrar el camino que la llevará a realizarse, más allá de su amante y constante dedicación a los hijos y al marido.

Y es una historia “ya sabida” porque, si teóricamente no aporta nada nuevo, la forma de relatarla es pura didáctica, muchas veces cercana a lo panfletario, casi siempre difícil de creer por la mujer elegida como ejemplo de “redención de la causa femenina.
Belli inventa una historia y, a medida que ésta acontece, la va comentando, va dirigiendo la atención del lector (no sea que éste sea un poco tonto) y estableciendo, incluso, el juicio que debe emitir.
A ratos escribe como si se tratara de una obra de teatro en la que el ambiente se describe en rápidos trazos  como si no fuera otra cosa que el escenario en el que sucede el diálogo. Posiblemente quiere conseguir unos efectos visuales, entendiendo que lo que importa es lo que allí se dice, el discurrir de las ideas.

Claro que la novela está bien escrita, que se lee sin ninguna complicación, que todo es muy fácil y muy claro, que lo único que resulta discordante son algunos de los agobios de la protagonista. Claro que a veces la prosa se hace bella. Pero nada más. Después de ver el lazo con el que se adorna, poco queda del regalo esperado.

domingo, 2 de noviembre de 2014

50 aniversario del Centro Formativo Otxarkoaga


50 Aniversario. 50.
Difícil pasarlo en silencio, ¿no?
Tengo a bien haber sido sujeto activo de 25 de esos años. Sólo la mitad. 25, que no son pocos. Todos no, pero muchos sí. Serían más si contase “ratos cortos” pasados de manera intermitente allí o con los que estaban allí.
La primera vez que “subí” a Otxarkoaga, cuando el barrio para mí no era más que un nombre y una vaga idea, tardé menos de media hora en estar “trabajando” en “la EPO”. Corría el año 1972. Así que algo podré decir.
Seguro que muchas cosas: algunas –espero- sabrosas, jugosas; otras manidas, repetidas, aburridas. Así que intentaré contener mi incontinencia verbal para ceñirme a un par de ideas que rondan por mi cabeza desde que supe que no me iba a poder callar ante semejante efeméride. Es la última de semejante calibre de lo que me resta de vida, al menos de vida “escribiente”.
A lo largo de 25 años he vivido muchas luces y algunas sombras. Permitidme que hable sólo de un par de cada una de ellas.
Dos sombras, sin hacer sangre (que éste no es el momento ni el lugar), pero sin cerrar los ojos, que algo habrá que mejorar en los próximos 50 años:
Ha habido momentos de una fuerte desconfianza por parte de los que “mandan” en la responsabilidad y el compromiso, en la madurez y la honradez, de muchos de los esfuerzos por ser corresponsables y copartícipes de lo que allí se decidía hacer, del camino que se quería recorrer, de las líneas de trabajo que una y otra vez se abrían hacia los alumnos y el propio personal del que se desconfiaba.
 Y ha habido momentos oscurantistas, de falta casi absoluta de trasparencia, ideológica, económica, de los planes que “alguien” hacía, de las decisiones que “alguien” tomaba.
Dos grandes luces, a veces deslumbrantes, a veces suficientes para que la oscuridad no se apoderase del camino, siempre presentes, siempre encendidas, siempre venciendo las oscuridades:
El trabajo, el compromiso, la responsabilidad, la imaginación, los sueños, la ilusión, las ganas, el desparpajo a veces, el calor de un profesorado que daba mucho más de lo que recibía de quien tenía la obligación de corresponder a todo ello y, posiblemente, mucho menos de lo que recogía de un alumnado, que “decían” pobre y no era tal.
Y la capacidad de amoldarse, de buscar y trasformar, de cambiar todo lo que hiciera falta para que los alumnos hayan salido a la vida laboral con un bagaje suficiente para defenderse, trabajar y poder asentarse en la vida adulta social.
Claro que ha habido muchas otras luces y lucecitas, otras sombras densas y penumbras suaves. Pero éstas son las que yo hoy quiero destacar.
No tengo ninguna duda de que ésta es una visión parcial. Claro: es la mía. Hay (habrá) otras muchas, distintas, más acertadas, más interesadas… Entre unas y otra (la mía), de momento, sólo hay una diferencia: la mía se puede leer, las otras no he podido, o no he sabido, leerlas. Espero que sea una diferencia momentánea.
50 es una buena cifra para que todos podamos hablar, para que a todos se nos pueda escuchar.

A los que pasasteis y ya no estáis, a los que seguís en la “pelea” diaria, a los que “sufrís a los txabales” y a los que sólo los conocéis de oídas, de lo que os cuentan, a todos os deseo otros 50 años de educación (bueno, jubilaros antes) y felicidad.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Virus

Hoy va de virus. En plural (las palabras que acaban en “s” hacen su plural añadiendo –es si la última sílaba está acentuada: obús hace obuses y anís anises; pero, si no se acentúa la última silaba, no se añade nada: cactus hace cactus y virus hace virus. No me vengáis con “viruses”)
A lo que íbamos. Que hoy me ha tocado comer a solas y siguiendo esa terrible costumbre de leer mientras se  hace (hoy es más habitual ver la tele, pero algunos estamos ya viejos), el Correo que recibo en mi móvil hablaba de tres virus en las tres primeras noticias.
En la primera se hablaba del ébola. ¿Qué más decir ya? Pues eso, sigamos. Y también se hablaba del que empieza a ser otro gran “virus”: el estigma del ébola. Contaba cómo los enfermeros que han atendido a pacientes con el virus están siendo “repudiados” por sus compañeros e incluso por sus familiares.
Es muy fácil que nos echemos las manos a la cabeza. Pero, tal como se está gestionando este asunto, ¿quién no tendría miedo, por si acaso, de no sufrir un contagio de aquellos que han estado cerca de quienes tenían o podían tener el ébola? Dijeron que el contagio era imposible, y la enfermera se contagió. Dicen que ahora el contagio es imposible y… ¿lo creemos? o ¿huimos de los posibles “apestados”? Claro que, de momento, el Carlos III (el hospital, no el rey) nos queda un poco lejos y a desmano. Pero, si estuviera cerquita ¿cómo reaccionaríamos?
El “estigma del ébola no es más que la última manifestación sociológica del virus del miedo. Y ese sí que es virus. Muta y mucho. Muta en conformismo (“a mí que me dejen de líos”); muta en “sentido común” (“yo ya lo había advertido”); muta en insolidaridad (“eso no me toca a mí resolverlo”). Muta. Y mucho. A cualquiera se os ocurrirán otras mutaciones distintas.
La tercera noticia hablaba de un virus informático. Un virus, dicen, muy peligroso contra el que, afirman, no pueden los expertos. A pesar de que se conoce desde hace más de dos años. Parece que el “cryptolocke” es capaz de secuestrar toda la información y bloquear nuestro ordenador,  dejarlo inutilizado.
Parece que las grandes compañías de antivirus no encuentran el antídoto y hablan de que serán necesarios, al menos, tres meses para encontrar la vacuna.
Es curioso que, ante esta alarma mundial (y yo sin enterarme) el consejo de “los informáticos” es que instalemos antivirus y firewall de pago (sic), o sea que nos dejemos de antivirus gratis y paguemos por programas que hoy y en los tres próximos meses no nos van a servir para estar protegidos. Bonita paradoja que siempre acaba en lo mismo: alguien ha soltado un virus, paguen ustedes. Y cuando hayan pagado, quizás les protejamos.

No he visto ninguna noticia sobre los virus del “oiga que no le creo”, del “oiga que ya está bien”, del “oiga que usted se aprovecha”  o del “oiga, que estoy hasta las narices”. Pero estos virus, menos populares en  los medios de comunicación, son más populares entre el personal.

En otro orden de cosas, no he podido con "El sentido de un final", de Julian Barnes.

martes, 28 de octubre de 2014

Galveston

“Galveston” de Nic Pizzolatto es una novela dura, con muy poquitas concesiones a los “buenos sentimientos” del lector, y difícilmente clasificable en algunos de los subgéneros de la novela (quede claro que dichas clasificaciones me importan bien poco).
A mi modo de ver tiene dos grandes méritos: el primero es que se lee con suma facilidad. Es una de esas novelas que “vencen al tiempo” y uno seguiría leyendo y seguiría leyendo a ver qué pasa, cómo acaba esto.

El segundo es que en la novela aparece una geografía social y económica muy diferente de la que solemos tener en la cabeza cuando pensamos en EE.UU. No hay ciudad, pero tampoco campo. No hay familia, pero sí su ausencia; no hay arraigo ni a la tierra ni a las costumbres, ni a la comunidad, ni a nada que no sea el propio sobrevivir. No hay triunfo ni fracaso. No hay amor, aunque sí ternura,… La novela no profundiza en nada, pero está llena, “a su pesar” de sentimiento.
Como siempre que puedo, os dejo un pequeño texto en el que el protagonista (la novela está escrita en primera persona) habla de sí mismo estando en la cárcel:
“Cuando leía, me abstraía con las palabras y lo que significaban y perdía la noción del tiempo. Me sorprendió descubrir que existía esa libertad forjada exclusivamente con palabras. Y entonces sentí que muchos años antes se me había escapado algo crucial.

Siempre tuve buenas manos y era capaz de soldar, arreglar cañerías, desmontar un motor, boxear, disparar, pero empecé a comprender que ciertas habilidades tan sólo me habían limitado, me habían convertido en una pieza práctica, funcional. Hasta entonces no lo había entendido de verdad.”

domingo, 26 de octubre de 2014

La tonadillera

Creo que más o menos todos estamos al corriente de que Isabel Pantoja ha sido declarada culpable de blanqueo de dinero por un juez.
Del  millón cien  mil de multa ha pagado 100.000 y le ha dicho al juez que vea su buena voluntad y que no se preocupe que ella va a pagarlo todo en cómodos plazos.
Ayer tuve ocasión de ver en la tele un programa de esos del corazón. Pues bien, en él todo era simpatía para la Pantoja. Venían a decir algo así como: “pobrecita, un error lo comete cualquiera, pero es buena. Perdónenle hombre, que no lo va a volver a hacer. Además lo que hizo lo hizo por amor, engañada, sin saber lo que hacía” (Otra más, otra engañada… que se ha forrado sin querer).
¡País! Una televisión pública se olvida del dictamen de un juez, se olvida del fraude cometido contra todos nosotros (esos que somos hacienda en mayo, cuando hay que hacer la declaración), se olvida de su ayuda a  la apropiación indebida de dinero público, de… (la de cosas que no habrán salido). Y nos provocan la pena, porque canta, supongo, bien y para el pueblo. Modernos Robin Hood, que nos quitan lo nuestro pero nos cantan.
Los granujas que poco a poco van saliendo a la luz harán bien en buscar su redención en un par de direcciones a la vez: muchos abogados que dificulten y enmarañen el conocimiento de sus desmanes y mucha pena al personal. Para que sigamos viéndolos como pobrecitos engañados que no lo van a volver a repetir y que en el fondo son muy buenos.

Y, sin por un casual, el “lío” de la independencia de Catalunya tiene como efecto secundario la cárcel de buena parte del clan Pujol, que siga habiendo “líos” independentistas. Que clanes seguro que no faltarán.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Silencios

Viene a cuenta el título como expresión de lo acontecido en los últimos diez días.
Entre la "falta de tiempo" (o sea, que nunca encuentras el momento para escribir), la abundancia de noticias y sus consiguientes cabreos del personal y comentarios de todo quisque (repetidos, como lo serían los míos), y el desorden casi absoluto de la vida del jubilado, resulta que a veces para cuando te das cuenta han pasado diez días de silencios.
Los que escribimos un blog en plan amateur (o sea, que no nos pagan por ello) podemos entender fácilmente cómo se nos va el santo al cielo y van pasando las horas, los días, las semanas, ...
Así que hoy toca subir a mi blog el último relato que he escrito y que se titula "Silencios". Como siempre lo podéis encontrar en la columna de la derecha en el apartado dedicado a los cuentos y relatos.

lunes, 13 de octubre de 2014

Un link interesante

Pocas veces hago esto, pero acabo de leer una entrevista con Juan Torres López que no os deberíais perder. No porque diga muchas cosas nuevas, sino porque las dice de forma clara. Y es bueno para evitar que nos engañen.
Así que si tenéis un ratito corto, entrad en
http://www.diariosur.es/andalucia/201410/12/revolucion-necesita-espana-hacer-20141012143551.html

Los maletines

Entrevistado por Benito Garrido en Culturamas, Juan Carlos Méndez Guédez dice lo siguiente:
“La más negra de las novelas negras no podría reflejar el espanto que es la Venezuela actual. En efecto, todo venezolano común es ahora un superviviente. Sale de su casa cada mañana y desconoce si volverá a ella. Puede sufrir el ataque de la represión gubernamental, el ataque de la delincuencia (que es una variante de la primera), puede sufrir un accidente. Por eso el retorno al hogar es una silenciosa fiesta, un pequeño y cansado milagro.”

“Los maletines”, escrita por Juan Carlos Méndez Guédez, es una feroz y despiadada crítica de la Venezuela del “Comandante” (Chaves). Caracas, una ciudad caricaturizada (supongo, aunque no lo supone el autor)sirve de marco para una novela plagada de referencias musicales, literarias y boxísticas, para una rocambolesca historia que se lee con mucha facilidad, aunque creo que le sobran casi cien páginas.
Aunque en la novela no hay ninguna referencia explícita ni a Podemos ni a sus líderes (en el momento histórico en el que sucede la historia aún no existía esta organización), si alguien necesita una voz venezolana para darles caña, aquí tiene una. Le costará encontrar otra mejor.

Lo digo porque, quizás, sea ésta una de las claves de su éxito, no la única.

domingo, 12 de octubre de 2014

Acuerdo laboral

Son muchas las veces que las cosas se ven distintas desde dentro que desde fuera. Por eso, a expensas de que alguien desde dentro me haga cambiar o matizar mi visión, debo decir que me ha alegrado conocer la noticia de que “la privada” ha llegado a un acuerdo entre patronal y trabajadores.
No sé cómo se ven estas cosas desde la patronal. Aunque algo ya me imagino, sin demasiado esfuerzo. Pero, desde los trabajadores siempre he defendido que vale más un mal convenio que su ausencia. Su inexistencia es siempre fuente de arbitrariedades, en medio de las cuales vence el poder del más fuerte (y a corto plazo nunca son los currelas).
Y luego está la otra cara de este acuerdo: la que dice que lo conseguido se queda en 2008. Es decir, 6 años sin ningún avance ni en el tema de los salarios, ni en el de las horas lectivas, ni en el de las responsabilidades de gobierno, ni…
Son los efectos de esa crisis que, por otro lado, se viste de tarjetas negras, whisky, cacerías, fiestas, clubes,… Eso sí, posiblemente sin cometer delito y devolviendo todo lo apropiado de forma no muy correcta. Devolver, claro está, con los mismos intereses que ese grupete de gente marcaba y sigue marcando para los que, como tenéis trabajo y convenio, vais a pedir un crédito.
Más alegría: salen en la prensa unas “monjas” (así lo subraya la propia prensa) que traen metodologías revolucionarias a la educación. Proyectos globales desde los que trabajar con los alumnos en aquellos aspectos que tienen que ver con sus vidas reales. Bienvenidos sean esos proyectos. Ojalá tengáis fuerzas (y medios) para trabajar en esa línea algunos de los que me leéis.
Pero, (también esos algunos) ¿os acordáis de aquellos “sueños” de preparar una “obra de teatro” en la que se implicarían la educación física, la expresión artística, la lengua en sus facetas oral y escrita, la construcción, la carpintería, la electricidad, la física y la matemática necesarias para lo anterior, los valores, el diálogo,…? Sólo faltaban medios y la apuesta decidida de quienes ahora se traen experiencias (interesantes, por lo que parece) de más allá de nuestros lugares para que aprendáis cómo se hace.
Nostalgia, ah. Privilegio de los jubilados.

Que tengáis coraje para que no os arrebaten ni un ápice de las mejoras conseguidas, para conseguir lo que aún falta, y para estar abiertos a todo aquello que prime la educación por encima de la enseñanza.

miércoles, 1 de octubre de 2014

La prensa de la mañana

En la prensa de la mañana de hoy me he enterado de algunas cosas. De parte de ellas me he “ re-enterado”,  porque ya las conocía, pero otras me han sonado a nuevas.
Por ejemplo: resulta que hoy, 1 de octubre, es el “día de los mayores”. Y yo sin saberlo. Aunque sigo reivindicando mi status de viejo, entiendo que este día también está “programado” para mí.
Y “¿qué, te regalan algo?” – diréis algunos. Pues va a ser que sí.
El Corte Inglés hace hoy un descuento del 10% en todos los viajes para mayores de sesenta. O sea que, si yo estuviera en la onda de comprarme un viaje, me harían un 10%. Lástima que no lo esté.
Fijaos que ese 10% me supondría un ahorro mayor que lo que va a subir mi pensión todo el 2015. Porque las pensiones, un año más, vuelven a subir el 0´25%. Eso equivale a que la pensión mínima va a subir poco más de un euro (antes de impuestos) al mes y la pensión media no llegará a tres euros al mes.
Claro que los que tengáis, un año más, congelado el sueldo, nos miraréis hasta con envidia. Lo mismo le pasa a Rajoy, que le han congelado el sueldo. ¡Pobre!
Y aunque el tono en que estoy escribiendo sea distendido, superficial y ligero, el tema de las pensiones es muy grave para muchos viejillos. Supongo –quiero suponer- que entre nosotros el grado de solidaridad llegaría al nivel de admitir (y desear) que la subida de las pensiones revertiera sólo en algunas de ellas y otras –las más altas- , si no hay dinero para todas, fueran congeladas. Con tal de que el total no se lo quedara ningún chupatintas, sino que se volcara sobre las propias pensiones. Esa es mi idea.
Volviendo a la congelación, lo que no se va a congelar son las subvenciones a los partidos. No, esas van a aumentar más de un 80%. Porque estamos en año electoral y los partidos necesitan dinero para sus campañas. Y el dinero, no podía ser de otra manera, va a salir de mis impuestos y de los tuyos.

¿A cuánto nos va a costar cada mitin?; ¿a cuánto sale cada papeleta?, ¿incluso las que casi ni se usan?. ¡Cómo para abstenerse! ¡con lo caro que me sale! Este año creo que voy a votar

lunes, 22 de septiembre de 2014

Intemperie ... y más

No estamos de suerte los lectores o no escogemos bien. Hay mucho dónde, pero no sé si cada vez hay más gente escribiendo sin nada que decir (o muy poco) o cada vez es más difícil encontrar quien te asesore. O quizás yo me voy haciendo más exigente.
El caso es que después de dejar por el camino dos novelas (“Por si se va la luz”, de Moreno Lara y “El duelo y la fiesta” de Jenn Díaz) me tuve que decantar por ir a lo seguro: Luis Gutiérrez Maluenda (“Putas, diamantes y cante hondo”), una de esas novelas de detectives, donde no falta acción, intriga, mala uva, sonrisas, guiños al lector,… De esas novelas escritas correctamente que te permiten mantener engrasadas las pupilas a la espera de algo realmente bueno.

Eso bueno ha llegado con “Intemperie”, de Jesús Carrasco. Si queréis enteraros un poco más de lo que yo voy a contar aquí, vale con que leáis la contraportada del libro y que os creáis que lo que allí escriben es verdad, que esta vez no se trata de propaganda hueca.

Se trata de una novela dura. Ya desde el título y haciendo honor al propio título. Es una novela inteligente, bien escrita (muy bien) y de las que se leen en un par de sentadas. Es, sobre todo, una novela que, por su carácter metafórico, se convierte en enigmática, de esos enigmas que dejan mucho terreno abierto para que el lector se la piense y vaya rellenando los huecos abiertos. Es una novela que llama a que los lectores hablen de ella. De esas novelas que te gustaría recorrer en una tertulia.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Educantes y/o enseñadores

Es bastante frecuente últimamente que  por mi cabeza pasen planteamientos que llaman a acabar con este blog. Quizás para resurgir con otro. Pero con otro que ya no tenga que ver con la educación.
Todo lo que  resta de mi vida trascurrirá “después de haber educado en Otxarkoaga”. No me queda otra. Pero el peso de mi vida cada vez está menos pendiente de lo que ocurre en esa “parte del mundo”.
Bueno, eso aclarado, y para que mi blog siga haciendo referencia viva a su título, comentaré dos asuntos a la luz de lo leído, escuchado y visto estos días.
Felipe VI, el nuevo rey (si un rey puede ser nuevo a estas alturas de la historia), ha sido muy claro en el inicio del curso. La educación, ha dicho, siempre ha sido un instrumento de progreso. Bravo. Totalmente de acuerdo. Aunque la palabra “progreso” no deja de ser un término ideologizado, que esconde contenidos equívocos, tan diversos que con algunos de ellos estaría en absoluto desacuerdo.
¡Que de peleas, discusiones, luchas… para conseguir definiciones comunes de las palabras más sagradas!
Pero el rey ha seguido. Dice que la educación tiene hoy dos grandes problemas: el primero es el excesivo abandono escolar (así, sin entrar en las  razones, que eso ya no le toca a un rey) y el segundo su desfase respecto a las necesidades del mercado laboral (esto último él lo ha dicho de forma mucho más bonita: dificultades para la inserción laboral”).
O sea, que en último término es éste, el mercado laboral, quien viene a marcar las líneas de la educación (y, sin duda, del progreso)
No vayamos de ángeles. 14 ó 20 años de inmersión en el “sistema educativo” deben servir también para que un niño llegue a joven debidamente preparado para integrarse en el mundo adulto del trabajo, que deberá desempeñar hasta la jubilación.
Esto es lo que llamo “enseñanza”: proporcionar los instrumentos necesarios para participar en la vida laboral. Y utilizo esta palabra para distinguirla de la educación.
Uno educa acompañando a otros a buscar, inventar, crear un mundo donde ser (siendo) más libres, felices, solidarios,… y todas esas palabras que solemos decir, siempre en plural.
Si “enseñanza” y “educación” se producen en el mismo tiempo y lugar, miel sobre hojuelas. Si no, allá la posibilidad y el compromiso de cada uno para ser educador y/o enseñante.
Parados en un semáforo en rojo, esta misma tarde una madre se dirigía a su hijo así: “y a ti, ¿cuándo te empiezan a mandar deberes para casa?”. “Creo que el mes que viene”, respondía el hijo. Y el niño no tenía más de ¡seis años!.
Impresionante. A lo largo de mi vida he oído, discutido, rebatido, y tragado “miles” de (falsas) razones justificantes de los deberes en casa. Creo que, al final, sólo me ha quedado una pregunta: ¿tanto tiene que enseñar la Escuela que no le da tiempo en doce años, a razón de 30 horas semanales? (descontando las vacaciones, ya).
Porque lo que está muy claro es que los deberes para casa nada tienen que ver con la educación. ¿O sí? ¿Estarán educando a nuestros niños para que aprendan a meter horas extras, a encerrarse a solas con sus problemas, a no jugar, a llegar antes que los demás, a ser los más trabajadores = los mejores?

Posiblemente, la madre sólo buscaba que su hijo estuviese ocupado y la dejara en paz.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Un poco de política

Hace ya tanto tiempo que no aparece aquí ningún comentario político, que me voy a permitir tres.  Rapiditos, e incluso ligeros.
Ayer fue la diada, así que "además, estoy seguro de que los catalanes que quieren la independencia son una pequeña minoría", Vargas Llosa dixit.
No sé bien que pinta ese señor aquí,  pero,  si los que están con él piensan lo mismo,  ¿a qué se debe tanto follon para no dejar a los catalanes decir lo que piensan y quieren?  Jamás se me ocurriría poner una mordaza a quienes piensan como yo. Antes bien, al contrario, les regalaría un buen altavoz.
Y si, encima, se trata de un problema tan anticuado,  enconado y aburrido,  dejen (quienes pueden hacerlo) que los catalanes resuelvan el problema por la vía rápida.  Votan, dicen que no quieren la independencia y ya está.
Mi segundo comentario es para decirle a Pedro Sánchez que como siga así no va a contar conmigo,  ni aunque yo haga uso de un voto útil. Son las maneras,  los tics, los que le rodean,  las fachas que tiene (  no confundir lo de fachas con ninguna radicalidad de derechas).
Parece que no ha cambiado nada. Desde fuera, claro.  Pero es que la mayoría de los humanos estamos fuera.
Y una tercera proposición. Que las anteriores también lo han sido,  aunque no hechas directamente. A lo que vamos.  Como los madrileños van a volver a cometer la incomprensible tontería de elegir para alcalde(sa) al candidato del PP, hago votos para que el PP proponga para tal puesto a "la Espe". No va a ser peor y va a resultar mucho más divertido. Seguro.
Buen finde

martes, 9 de septiembre de 2014

Soy donde voy

Cuando escribo esto ha pasado ya una semana del nuevo curso. Así que los ánimos estarán más calmados y las susceptibilidades menos a flor de piel. Porque la verdad es que hablar de nuevo curso desde mi situación…como que no es muy apropiado.
Sin embargo, en septiembre siempre hay algo de eso. Es el ambiente que aprieta muy fuerte. ¿Nostalgia? Ninguna.
Comenzar un curso nuevo –recuerdo- traía consigo el reencuentro con muchos amigos y la construcción de nuevos planes, ilusiones, deseos para cumplir a lo largo de todo un año. Pero, ¿nostalgia? Ninguna.
Así que me situaré en el tiempo diciendo que ya hemos pasado la primera semana de septiembre y que el verano aún no ha acabado.
En este tiempo están pasando muchas cosas: el mundial de baloncesto, el ébola, del que ya poco se habla, el reinicio del curso político con todo el lío de la forma de elección de los alcaldes, las marrullerías del clan Pujol, el gran problema del Estado Islámico, …
Pero yo me voy a quedar con un “chascarrillo”. Me parece gracioso que a un hombre contratado como comentarista (speaker) lo destituyan por expresar en palabras aquellos deseos que quieren explotar en los espectadores, precisamente quienes lo han contratado y destituido.
Los que han metido a las “animadoras” en el mundo del basket, los que hoy les pagan sueldos miserables o juegan con sus fantasías, saben –lo sabemos todos- que ellas no están ahí por nada que tenga que ver con el baloncesto, sino con la atracción de sus físicos. Por eso las dejan estar y exhibir sus cualidades.
Alguno dirá que son ya una tradición en el mundo del baloncesto. Pues bien, las tradiciones están para algo es para hacernos saber quiénes somos, de dónde venimos, y para luego romperlas para empezar a ser más iguales. Veremos qué pasa con el mundial femenino que está a la vuelta.
“Los Andariegos” fueron un grupo de cantantes sudamericanos del estilo de aquellos que conocimos y seguimos en los 60-70. Los he descubierto en una de esas “razias” por la red. A ellos les he oído hoy cantar: “soy donde voy”.

Claro que hay muchos que prefieren ser de donde vienen. ¿Tan buena sería su cuna?

Última hora: ¡ánimo Otxartabe!

viernes, 29 de agosto de 2014

Comienzo de curso (adelantado)

Dicen - y yo lo creo - que los blogueros tenemos algo de exhibicionistas. También que somos atrevidos  y gozamos del convencimiento de que cualquiera puede comunicar a los otros cosas interesantes.
Así que, a punto ya de comenzar un nuevo curso, mi blog da la bienvenida a una nueva aportación a este mundillo.
Aparecerá en este que leéis en la columna de la izquierda bajo el epígrafe "mis otros blogs"con el nombre "Nere y Jonan".
Además, hoy os dejo una nueva página que se titula "Tres microrrelatos" y que, fiel a su título, incluye tres de esos relatitos pequeñajos que tanto gustan ahora y que yo he ido perfeccionando este verano.
Acabo: ayer me contaron este chiste:
- ¿Sabes cuáles son las únicas ovejas de lana virgen?
- Las que corren más que el pastor.
Allá cada uno con su virginidad. Y aplique el chiste cada uno donde le corresponda. Será el mejor ejercicio para el comienzo del curso.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Homenaje

Se acaba agosto, aunque aún queda verano (dicen... los metereologos de otras latitudes).
Ese final,  la proximidad casi permanente del río y la cercanía más acusada de una muerte, me dejan con estos versos:
Nuestras vidas son los ríos
que van a dar a la mar
que es el morir
Y
Es cosa triste ser río.
Quién pudiera ser laguna
oir el silbo en el junco
cuando lo besa la luna.

jueves, 21 de agosto de 2014

Alabanza

“Alabanza” es una novela de Alberto Olmos.

La última que he leído, de nuevo en “soporte” papel. Y vuelvo a descubrir la dificultad que entraña abrir un libro de 400 páginas (sobre todo si no es tuyo) de forma que las dos mitades ocupen un mismo plano (o sea, que se abra en 180º), para que resulte cómodo de leer en una piscina, tumbado en una cama o en cualquier lugar que no sea una mesa.
Mientras lo leía, recordaba cuando escuchaba música en un mastodóntico reproductor de doble cassette (aquello sí que sonaba bien) equipado con cuatro de las pilas gordas; o cuando escribía en mi ordenador portátil que no pesaba más allá de 3 kg. (aquél sí que trabajaba bien); o cuando hablaba por aquél móvil que necesitaba un bolso de mano para llevarlo (no como ahora: que casi ni se habla; sólo se mandan imágenes o mensajes). Así, pues, ¡larga vida al libro de papel! (éste último sólo pesaba 325 gramos… y no tenía más que una novela).
Bueno, “Alabanza” es una novela sobre la literatura, más en concreto, sobre el “oficio” de escritor; sobre las relaciones de pareja; sobre la aceptación del pasado de uno mismo; y, también (aunque en mucha menor medida) sobre el atractivo de lo rural.

Irregular, a veces genial, a veces farragosa, casi siempre verborreica en abundancia, con un cierto suspense, se hace “largo” leerla. Sobre todo en su parte central, que me ha parecido excesiva.

Cosas “raras”


Hoy es jueves. Jueves de la Aste Nagusi y yo estoy en Bilbao, cosa que no tenía lugar en el plazo, por lo menos, de un mes.
Así que los ojos están más atentos a ver cosas “raras”, ni buenas ni malas, sin valorarlas, sólo “raras”, es decir, extrañas ,  poco  frecuentes , inhabituales  en el tiempo o el  lugar.
Ayer tarde, a las 20:30 daba gusto circular en coche por el centro de Bilbao. ¡EN COCHE!. No vaya a pensar alguien que me he venido en bicicleta. Cuidado que hacía tiempo que no cogía el coche en Bilbao. Pues ayer tuve que hacerlo, con más miedo que vergüenza… y resultó como para no volver a usar el metro. Aunque parezca increíble.
Entre ayer y hoy he tenido serias dificultades para hacer un par de operaciones bancarias que tenía que hacer. Tanto que tuve que aprender a hacerlo por Internet. Ya se sabe: Semana Grande. ¿Y qué tiene eso que ver con el banco?. Pues que estamos en Bilbao. Nada más
Esta mañana he pasado por delante de una obra pública. Digo to que sería pública porque estaban arreglando el suelo de la calle por donde yo hubiera debido pasar. Sólo había dos personas trabajando. ¿Para qué más?, ¿alguien tiene prisa?.
Bueno, pues uno de ellos era de raza negra y el otro de “raza” china. Nada que objetar, por supuesto. Imagino que trabajan luego son ciudadano de pleno derecho. Y espero que como tales sean tratados. Que luego nos confundimos.
Un poco más abajo trabajaba un barrendero (raza blanca y rubio). Me he interesado por las bolsas que el ayuntamiento tiene a bien colocar en las papeleras  para que los dueños recojamos las cacas de nuestros perros. Para mi sorpresa (de ahí la rareza) me ha respondido que en “Asre Nagusi” no se ponen bolsas y me ha hecho ese gesto de “a mí que me registren” o “las quejas al maestro armero”. Si alguien encuentra una relación, nada más que ligeramente posible haga el favor de dejarla en los comentarios, para que yo duerma un poco menos epatado.
Y acabo con dos fotos, tomadas a mediodía en el parque de Europa (o sea, en Txurdi). Que todo no va a ser raro.















Las luces (es raro que en Bilbao hagan falta luces habiendo bilbaínos. Recuerdo un profe que, cuando entraba en clase, decía aquello de: “apaguen las luces, que ya he llegado”) estaban encendidas y, en medio de una de las muchísimas canchitas de basket que tanto abundan por aquí (porque no había otro sitio) campaba una grúa. Que todo no va a ser raro.



miércoles, 20 de agosto de 2014

Ruralismo literario

No sé dónde recogí aquello del “ruralismo literario”, denominación bajo la cual querían agrupar algo así como una nueva corriente dentro de la novela actual, casi una especie de nuevo “género novelístico”.
Sus dos máximos exponentes parecían ser Jenn Díaz Y Alberto Olmos. Estoy leyendo “Alabanza” de A. Olmos y ya leí “Es un decir” de J. Díaz.
Pues bien, lo del “ruralismo literario” me parece una memez, la última o penúltima “majadería” de alguien que necesitará títulos llamativos para seguir trabajando en lo que le pagan. Quizás - dejemos abiertas las puertas - sea alguien con capacidades de análisis por encima de las mías y con una buena visión de lo que se cuece en la literatura. Que yo no soy más que un simple lector. A veces con mala leche.
Es verdad que la acción de las dos novelas ocurre en un medio rural. Es verdad que sus protagonistas están o han estado  muy incardinados en ese medio. Pero nada más.
Se me ocurre que sería como proponer la serie televisiva “Cuéntame” como el parangón de la España rural porque los Alcántara pasaron parte de su infancia en “el pueblo”, al que vuelven como ilustres inmigrantes nuevos ricos (o casi). O como decir que yo me he convertido en “el héroe de la vuelta al campo” porque paso mis fines de semana en Medina, “me divierto” en una huerta en verano y, además, he descubierto en vivo y en directo (o sea, yendo allí) la aldea burgalesa de la que salió mi abuelo rumbo a Sestao, allá en los años veinte (del siglo pasado).
Me da que,  quien ha “inventado” semejante denominación para agrupar algunas novelas y sacar chispas a algunos deseos ocultos que todos tenemos (vivir en lo que suponemos la tranquilidad del campo, pero también, retirarnos a alguna playa paradisíaca llena de daiquiris, visitar la luna, o leer siempre buenas novelas en el mejor de los clubes ingleses), no se ha enterado muy bien de lo que es ser campesino.

En esto, como en tantas otras cosas, los estereotipos van muy por delante de la realidad, a veces en paralelo, para no encontrarse nunca.

lunes, 11 de agosto de 2014

Fotos

Hoy sólo va de fotos, sin apenas comentarios.



Así de bonitos están los campos ya desde la mañana, pintados de amarillo.
Claro que no es extraño si observamos en cada una de estas flores una prestancia y hasta una arrogancia (aunque en realidad no hacen sino “adorar” al sol), sólo superadas por las que algunos de los usuarios de la piscina muestran a mediodía.
Y así de hermosa está la huerta, en la que sigue reproduciendo, un día y otro, el milagro de la multiplicación de las vainas… y de algunos otros vegetales.


Es un decir

“Es un decir” es una novela corta de Jenn Díaz. Apenas 160 páginas, que me he leído en menos de 48 horas. De un par de tirones, vamos.

Leyéndola me asaltaban dos problemas: primero, el hecho de que a veces me resultaba excesivamente repetitiva; y, segundo, creo que hay un problema de verosimilitud que, sin duda, la propia autora ha tratado de gestionar y solucionar. Pero no sé si ha llegado a conseguirlo muy bien.
Tres historias de tres mujeres (y los hombres que se les cruzan): la “abuela-madre”, la “madre-hija” y la “hija-nieta”. Y dos narradores diferentes: la abuela con una historia sorprendente, impresionante, aunque no llego a saber si resulta verosímil; y la nieta, que lleva la parte más extensa de la narración, haciendo, a veces, difícil creer que la reflexión de una “niña” de casi 14 años pueda llegar a semejante profundidad.
Salvados esos dos escollos, la novela es de esas que se lee de un tirón, de las que uno no abandonaría hasta acabarla y de las que, posiblemente, pide una relectura para exprimir más y mejor el jugo que lleva dentro.
La historia transcurre en un pueblo (aunque casi nada sepamos de él), en un pueblo en tanto en cuanto se contrapone a una ciudad. ¿Tiene eso alguna importancia? Pues no lo sé. Pero sí puedo decir que si yo la he leído es porque hace algún tiempo me sorprendió leer sobre la existencia de lo que llamaban “ruralismo literario”, uno de cuyos exponentes era esta novela.
Como si verdaderamente se tratara de “ruralismo”, he vuelto (al cabo de un año o así) al libro de papel. Y, además, me lo han prestado en la biblioteca del pueblo, que es como hay que leer estas cosas.
Os puedo decir que aún recuerdo cómo se pasan las páginas, que las hojas deslumbran ( de blancas) al sol de la piscina y que no he podido marcar ningún texto (el libro no era mío) para dejároslo aquí. Una pena, esto último.

Es una buena, muy buena, novela. Para todos (es un decir).

Las piscinas

Este verano hemos aumentado los paisajes con uno nuevo: las piscinas. Rodeadas de verde, resultan un lugar inmejorable (sobre todo ahora que el río lleva tan poco agua) para leer, tomar el sol y refrescarse. Porque lo de hacer unos largos va siendo cosa de la prehistoria (la mía, claro). A lo más que llego ya es a hacer unos cortos. También es buen lugar para escribir, como en este momento.
Las fotos de la piscina no dicen nada: agua en unas dimensiones más que aceptables, gentes que toman el sol, varias sombras de árboles y alguna hamaca para los más pudientes (2 euros al día).
Lo interesante es la mirada que hace un pequeño análisis de sus usuarios (y de sus sonidos).
Hoy es viernes. Así que aún no han “subido” de “Bilbao” todos  esos aitas que trabajan en agosto. Por consiguiente, hay tres tipos de personajes: un montón de niños de entre 7 y 12 años, que saltan al agua, corren a ratos, gritan casi siempre, y disfrutan como los demás lo hicimos cuando todavía ni existían (para nosotros) las piscinas.
Algunos de los niños son del pueblo. Están de “colonias abiertas” (que es como se dice ahora). Otros, los más, son “de otras tierras” (¡qué distinto suena entonces aquello de “no me llames extranjero”).
En correspondencia, el segundo grupo es el de los aitites y algún que otro yayo. Aquí, en traje de baño, sentado al sol que todo lo iguala, sólo se distinguen entre sí cuando sus nietos los llaman.
El tercer grupo, menor, es el de algunas “amatxus”, grupo que va creciendo a medida que avanza la mañana y las comidas del día ya se han dejado listas para cuando se regrese de la piscina, y, quizás, llegué algún aita de fin de semana (que hoy es viernes, repito).
En medio de todo esto, ¿cómo suponer que sigue habiendo ébola, Gaza, Irak, desempleo, corrupción, ambición desmedida, abusos y… (perdón por la frivolidad en este contexto) Bilbao Basket?

A propósito, ¿alguien nos explicará (¿o esta vez tampoco?) lo que ha pasado-está pasando de forma clara, sin eufemismos, medias verdades, silencios…?