sábado, 17 de junio de 2017

Contra la ola de calor, abanico

Uno había llegado a suponer que no podría escuchar-leer mayores dislates (la ocasión merece semejante palabra) de la boca-pluma de los políticos. Salvando, claro está, la espera siempre atenta al próximo trabalenguas del señor Rajoy. Que de él siempre hay más que esperar.
Y hete aquí que hace un par de días, en medio de una (dicen) enorme ola de calor, “el consejero de Sanidad de Madrid recomienda hacer abanicos de papel contra el calor en las aulas”. ¡Qué maravilla! y ¡qué ocasión perdida!
Si además de ser consejero de Sanidad lo hubiera sido de Educación (o hubieran trabajado los dos en equipo) ésta era la ocasión de proponer una unidad didáctica que implicara activamente a todos los departamentos de las escuelas (públicas).
El departamento de lengua podía haber profundizado en el lenguaje de los abanicos, en la literatura sobre el abanico, la aparición e importancia del abanico en la poesía amorosa…; al departamento de ciencias muy bien le podía tocar encargarse de la relación entre la velocidad de movimiento y el enfriamiento del aire, o de la resistencia del aire al movimiento; el departamento de sociales podía estudiar la relación entre el uso del abanico y las clases sociales y hasta hacer su historia en el tiempo; los de arte podían haberlos coloreado,…
¡Qué grandísima ocasión perdida! ¡Cómo no se le ocurrió!
Quizás la poltrona y el aire acondicionado de su despacho de trabajo (y de su casa) hayan ablandado la capacidad educativa, la imaginación creativa y las ganas de trabajar en  algo nuevo que no esté en los libros, del consejero. ¡Una lástima!
Si podéis llegar hasta ella, os recomiendo la "Carta de una profesora al consejero madrileño de Sanidad sobre los abanicos” publicada en la Tribuna Abierta de eldiario.es.


Y, como de disparates se trata, esta apostilla:
Hoy vuelve a ser primera página en los periódicos ese concejal de Bilbao que ha privado definitivamente de mi voto a su partido. Aquel que proclamó que cualquier vecino de esta ciudad puede cerrar una cafetería. El que multiplicó mi poder ejecutivo hasta límites que nunca hubiera sospechado. Recordad, si queréis, mi entrada en este blog del 19/11/2016 (“Aquí llama un vecino y te cierra un local”).
Pero, antes de ver el periódico, yo ya me había acordado de él, de él y de… A la una de la madrugada, primero, a las tres, después. La culpa era de que mi escasa insonorización y la ligereza de mi sueño (de viejo) no están preparadas para compartir ciudad con esos energúmenos que salen del bar-pub que hay debajo de casa, Esos sí que tienen poder. Cuando ellos quieren yo me despierto, como si fuera una llamada militar a diana.

Bueno, ahora está muy preocupado con el peaje de los coches por la ciudad. Esta vez sí que voy a agradecérselo. Sobre todo si consigue que las carreteras queden libres para que podamos circular los peatones, porque las aceras no son ya para nosotros, sino para todas esas terrazas que, estoy seguro, pagan religiosamente los impuestos de los que cobra el ínclito concejal.

jueves, 15 de junio de 2017

La mujer loca

“- Yo no he leído ningún libro tuyo[…] Gustas mucho a las mujeres, ¿verdad?
- A las mujeres y a los buzos – dice Millás
- ¿A los buzos?
- Sí, hay escuelas de buceo en las que son de lectura obligatoria.”
“- Le entiendo. Creo que le gustaría escribir una novela que el lector reconociera como novela, pero que al mismo tiempo le produjera extrañeza.”
“Siempre quiere estar en el lugar del otro. A veces, se desdobla para ponerse en el lugar de sí mismo”.
“La mujer loca”,  de J.J. Millás, es una novela ¿loca? Extraña, sin duda. Extraña en su estructura, en sus personajes (uno de ellos es el propio autor), en lo narrado…
Está escrita con mucho humor. Se lee de corrida y te mantiene la atención hasta terminarla. En ella tienen cabida los problemas de la palabra hablada y la escrita, del silencio, de la gramática, las reglas, la personalidad de quienes hablan y quienes callan, el psicoanálisis, las relaciones familiares y, de forma destacada, el DMD (Derecho a una Muerte Digna).

Y remendando todos estos asuntos el tema del lenguaje y de su función y los entresijos de su relación con la realidad (la real y la falsa). O sea, eso. Es una novela extraña. No sé si de las aconsejables para el verano que se nos echa encima, o no. Pero, merece la pena recomendarla.

martes, 6 de junio de 2017

La sombra de lo que fuimos

Durante mucho tiempo usé "Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a leer", de Luis Sepúlveda en clase con mis alumnos para trabajar la lengua española y provocar alguna afición por la lectura.

Acabo de leer del mismo autor "La sombra de lo que fuimos" y ésta no podría usarla con ellos. Salvo, quizás, una hilarante escena en una pollería, que abarca casi todo el capítulo dos. (Si no vais a leerla entera y la tenéis a mano, gastad diez de vuestros minutos en este capítulo del que os dejo un trozo más abajo).
"La sombra de lo que fuimos" es un disparate literario (y político, y…) que, si no fuera porque en las últimas páginas pierde fuelle y sorpresas (a mi juicio) sería muy recomendable. Eso sí: para mayores de 50 años, para izquierdistas, izquierdosos y toda clase de “izquierderos”. Y para cualquiera que en aquel tiempo simpatizara con Allende y odiara a Pinochet. El resto abstenerse.

“Trabajaban y ahorraban todos (está hablando de los emigrantes españoles) con la misma idea: regresar a España y abrir un bar, esa idea era obsesiva y cuando estaba con ellos llegué a pensar que el Cid se fue a Valencia con la intención de abrir un bar, y que si en el resto del mundo la historia de la sociedad era la historia de la lucha de clases, en España era la historia de los dueños de bares y los clientes, algo que se les pasó por alto a Marx y a Engels e hizo de ellos dos filósofos bajo sospecha de abstemia”

Sobre los desaparecidos en Chile tras el golpe de Pinochet: “La vida se llenó de agujeros negros y estaban en cualquier parte, alguien entraba a la estación del metro y no salía jamás, alguien subía a un taxi y no llegaba a su casa, alguien decía luz y se lo tragaban las sombras”.

viernes, 2 de junio de 2017

Novelas "de verano"


Tarde de tormentas. Varias tormentas seguidas que están dejando una buena cortina de lluvia y la obligatoriedad de quedarme encerrado en casa.

Aprovecho para ajustar cuentas con un par de novelas leídas últimamente. Por si alguien necesita irse aprovisionando para el verano con novelas cortas y “fáciles” (¿intrascendentes?), de esas que le permiten a uno cogerlas a la hora de la siesta y echar un sueñecito en medio de la lectura. Empiezas, te duermes, y, al despertar, sigues leyendo como si tal.

Ninguna de las dos da para más, pero tampoco para menos: “No me toques” de Camilleri (esta vez sin Montalbano) y “En medio de la muerte” de Lawrence Block, un thriller con todos los ingredientes clásicos del género.

domingo, 28 de mayo de 2017

Bajo el árbol de los toraya

Se tarda en saber si se ha cogido una novela para leer, si habrá un relato construido o si estamos leyendo algo así como un tratado sobre culturas extrañas, aderezado con una especie de autobiografía del investigador.
“Bajo el árbol de los toraya es una de esas novelas (que lo es) que habría que leer despacio, sin prisas, parando para entrar en muchos temas, para responder a una introspección provocada: Philippe Claudel, a través del protagonista (y narrador) hace un canto hermoso a la amistad, profundas y sencillas reflexiones sobre la pareja, el envejecimiento, la visión que tiene uno de sí mismo,… La muerte siempre ahí. Y la vida.

Novela para viejos, para sesentones. Aunque ojo, es él quien dice: “los cincuenta son la vejez de la juventud y los sesenta la juventud de la vejez”.
Novelita (por lo corta)- novelaza (por su densidad y su magnífica forma de expresarse. No llegaría a darle la categoría de “novelón”. Os dejo algunas perlas:
“Nuestro mundo vive de espaldas a la muerte. Los toraya lo han convertido en el centro del suyo. ¿Quién tiene razón?”
“A veces el silencio parece el diálogo profundo de quienes se comprenden.”

Así dice de su madre, anciana y con la cabeza “perdida por la enfermedad y la edad: “Que ella habita en un universo del que lo ignoro todo, en el que no sé si existen el sufrimiento, el dolor, el placer, los sueños, los recuerdos, el tiempo, y que ella tampoco sabe nada del mío, no puede comprender de ninguna forma lo que experimento, lo que siento ni cómo es mi vida”

viernes, 19 de mayo de 2017

Escenas en la ciudad

Mucho sol y calor, luego agua, mucha agua, y, parece, vuelve el calor mañana: primavera loca.
La primera y más repetida escena contemplada-oída estos días de ciudad es ese diálogo:
- Esto no había pasado nunca. No me extraña que estemos todos con catarros, gripes,… si es que uno no sabe ya ni qué ponerse
- Es verdad. El tiempo está loco.
Lástima que fuera el mismo comentario de la primavera anterior y de la anterior y de… Lo inmediato nos hace olvidar lo que está un poco más lejos (no mucho). Y nos creemos el tópico, éste y otros muchos.

Sí me está pareciendo verdad lo que comienza ya a ser un tópico:
- Cada año hay más terrazas en las calles. Cada año resulta más difícil andar por la acera y mira que las están agrandando continuamente…
- Pues sí. Tendremos que empezar a ir por la carretera.
El año pasado era un abuso. Este año lo es más. He estado a punto de fotografiar atascos mayores que los de los metros japoneses en medio de la calle Santutxu, atascos provocados por una cadena de sillas y mesas con “terracistas” sentados y con “terracistas” charlando alrededor. Menos mal que nuestro ayuntamiento se estará forrando a impuestos y los nuestros bajarán.
Para que también podamos sentarnos a echar una cervecita.

Y, en un momento-espacio en el que se me abrió el campo de visión, esta vez en el centro de Bilbao, hete aquí que veo un torero. Sí, un torero. Vuelta a las ganas de sacar fotos, pero el respeto me lo impidió.
Estábamos un poco lejos y, aunque tuve que desviarme un trecho de mi destino, no pude resistir la tentación de pasar cerca de él para contemplarlo. A medida que me acercaba, al traje de luces, a las zapatillas toreras y a la montera se le iba añadiendo un objeto extraño en la mano del torero: una especie de maletín de ejecutivo.
Picado por la curiosidad me aproximé lo suficiente como para leer lo que rotulaba esa especie de maletín: “El torero moroso” – decía.

Que la vida cambia, que los jóvenes son diferentes me lo ha demostrado esta mañana una “chiquita”. Estaba yo en una plaza, esperando a que mi perra acabara con sus cosas, cuando me ha mirado desde donde estaba sentada y, sin levantarse, me ha dicho:
- Oiga, por fa, …
No he dudado de que iba a pedirme un cigarro. Pero, no. La frase ha continuado así:
- … no podría usted dejarme un móvil para hacer una llamadita de un minuto?
Evidentemente, los jóvenes ya no fuman.
Aspecto que presentaba el hall del Guggenheim

Y, volviendo a las aglomeraciones, como ayer era el día de los Museos, me fui al Guggenheim a media tarde. Para mi sorpresa había tanta gente (o casi) como en las terrazas. Señal evidente de que lo que echa para atrás a la hora de visitar museos es el precio (12 euros entrada al G.)


Feliz finde.

domingo, 14 de mayo de 2017

Restos mortales

Venía anunciándolo en este blog. Las dos últimas novelas de Donna Leon me hacían prever que Brunetti sería el segundo poli a “jubilar”, tras el Montalbano de Camilleri (aunque a éste le voy a dar un última oportunidad, otra última).
Así que tampoco será una sorpresa que haya abandonado “Restos mortales”, la, por ahora, última novela de D. Leon. Contra mi criterio (como es mío lo rompo cuando quiero) de dejar estancada una novela si en la página 40 aún no ha sucedido nada que me enganche, he llegado hasta la página 62. Pero, ya no va más.
Aquí acabo.
Y me surgen dos reflexiones: ¿Qué pasará con P. Markaris y con Kostas Jaritos?, ¿aguantará aún un par de historias más? Ya la última anunciaba su fin. Con ello, se derribaría ese triángulo tan fuerte en mis “primeras” lecturas de novela negra: Márkaris-Camilleri-Leon. O sea, ¿tan viejo me he hecho?
O, ¿es que los novelistas (ellos, que no sus polis) no saben cuándo jubilarse? Y esa sería la segunda reflexión. Ese triángulo suma hoy la friolera de 247 años ( 80, 92 y 75 respectivamente). ¿Serán incombustibles? Supongo que a todos nos cuesta dejar determinados trabajos, porque sus economías, sigo suponiendo, no precisarán de los ingresos de nuevos capítulos de sus series.

En fin, ¡¡¡honor y gloria para los viejos!!! Y, en cuanto sea posible, ¡¡¡ larga vida!!!

viernes, 5 de mayo de 2017

Noticias sobre la enseñanza

Hoy en el periódico, de nuevo una página entera llena con dos noticias sobre educación. Bueno, mejor dicho, sobre la organización administrativa de la enseñanza. Que no es lo mismo.
De nuevo suenan tambores de guerra entre los sindicatos y llamadas a la huelga del personal trabajador en la enseñanza. Mi memoria aún recuerda que, salvo algunas “fantochadas” de los sindicatos, la mayoría de las convocatorias a una huelga eran muy serias, señal evidente de que las cosas ya no podían seguir así, después de mucho aguantar.
Y si los docentes llegaban a la huelga, aquello no era un juego de niños. Era aquella una decisión muy complicada y difícil de tomar. Los alumnos no se quedaban sin clase por cualquier cosa.
Hoy reconozco que ya no tengo datos, ni los busco. Que me conformo con poco más de lo que cuenta la prensa y que me suena lejano el problema. Pero, supongo que las posturas no habrán variado demasiado.
De nuevo los padres ponen en duda las decisiones de la Administración y levantan su voz y sus quejas. Esta vez en Portugalete, en la pública, y porque a sus hijos de 4 y cinco años, por una parte, y de 9 y 10, por otra (calculo) los quieren juntar en el mismo aula.
Los viejos recordamos –dicen- cosas muy “extrañas”. Así que en seguida me ha venido al recuerdo mi primera escuela. Yo comencé (nunca ya estaré seguro) a los tres o a los cuatro años (lo que no era nada habitual entonces) por privilegios (?) de la amistad: mis padres y las maestras eran amigos. Aunque supongo que en aquel barrio, en aquellas fechas, todos se conocían y todos podrían disfrutar de semejantes privilegios (?).
En aquella escuela, desde el comienzo hasta los 14 años había tres “grados”, tres maestras y tres aulas, que se repartían no sé cómo los alumnos y alumnas (era mixta).
A los diez años yo había pasado por dos de aquellas etapas y, para hacer bachiller, fui a un colegio (privado), en el que los alumnos que no cursaban bachiller se repartían en cinco grados que cubrían toda la edad escolar (las clases ya no eran mixtas).
Aquella primera escuela de barrio (que creo recordar era privada – por supuesto, de una empresa: La Naval), muy semejante a las que ahora funcionan en ámbitos rurales, ¿era desdeñable?. Voy a ir más lejos: ¿era menos adecuada para la educación que las “normales”, las que estamos acostumbrados a ver?
Lejos de mí reivindicar situaciones pasadas que han sido mejoradas a partir de la lucha de padres y profesores. Lejos de mí suponer que el pasado fue mejor y que los que hoy protestan son unos vociferadores sin cabeza.
La organización escolar ha mejorado con el tiempo. Pero, posiblemente, en algunos aspectos, su evolución no es, del todo, la deseable.

Cuando imperativos económicos “obliguen” a tomar decisiones que recortan lo que se ha adquirido a lo largo del tiempo, es necesario hacer que los recortes se dirijan a los aspectos más negros de nuestra sociedad (ejército, grandes fortunas, …) y, al mismo tiempo, despertar la imaginación y trabajarla para conseguir lo que de verdad importa: que nuestros niños crezcan en libertad, en amistad, en disfrute de la vida, en comprensión, en compromiso, en… , aunque tarden un poco más en llegar a la trigonometría y el análisis lingüístico.
Buen finde para los que estáis en ello

viernes, 28 de abril de 2017

La vida negociable

Deliciosa a ratos, disparatada unas veces y cuerda, muy cuerda, otras; descacharrante y para echarte a llorar a partes iguales; juguetona, narrada en primera persona a modo de novela de pícaros, … “La vida negociable”, de Luis Landero, me ha gustado tanto que no dudaré en afirmar que su capítulo 6, por ejemplo, debería ser texto interdisciplinar de “estudio” obligatorio en tercero de la ESO: en conocimiento del medio, en lengua y literatura, en ética, en psicología, en orientación profesional y hasta en matemáticas.
Así que sólo añadiré un párrafo que nos explica algo de la obra general de Luis Landero y varios otros que he entresacado de su novela:
“Sus libros se han comparado con la obra cervantina, por su estructura tradicional, en una época en la que parece que todo debe ser experimentación o ligereza, por el lenguaje elaborado, por la ironía y cariño con que analiza las fantasías, anhelos e ideales de la gente de su generación, una mayoría gris y silenciosa a la que se exige el triunfo mundano como sea.”

“No me lo podía creer. No podía creer que mi padre, el más acabado modelo de honestidad, tan rezador y comulgante, y de principios tan estrictos, estuviese metido en un turbio negocio de tejemanejes, de comisiones, escamoteos, falsificaciones y fraudes, con la complicidad de porteros y contratistas, jefes de obra, obreros, alcahuetes, proveedores, inspectores de urbanismo, y hasta algún presidente de comunidad de vecinos, de modo que entre todos formaban una red de delincuentes, de pequeños criminales, que a su manera eran poderosos, como si gobernasen a su antojo un modesto reino en el que ellos formaban la aristocracia, y cuyo monarca era mi padre, urdidor y coordinador de toda aquella trama.
            Y de ese modo me fue enseñando cómo amañar adjudicaciones de obras, cómo apropiarse de fondos de la comunidad con cargo a gastos inexistentes, cómo distraer dinero de las tasas, cómo poner y quitar presidentes de comunidad, cómo emprender obras inútiles, raras o ficticias, o cómo inventar problemas que luego él y los suyos resolvían y cobraban, ganándose de paso el respeto y la gratitud de los vecinos, y así otras muchas cosas de ese estilo.”
“Todo empezó cuando un contratista me ofreció un habano, y ya puestos”, y como era la hora de comer, me invitó también a comer […] Hasta que llegó el momento fatídico en que me dije: Si no lo haces tú lo hará otro, y cedí ante aquel argumento tan razonable y tentador”.
Así le educa su padre: “Mira, Huguito, en la vida todo es negociable, y también con Dios, digo yo, se podrá negociar. Hay que aprender a convivir con el mal, y en este negocio mío y que pronto será tuyo, piensa, como yo lo pensé en su día, que si no lo haces tú, otro lo hará por ti, de modo que con tu virtud no evitas el mal; al contrario, aceptándolo, puedes paliarlo en parte, contenerlo, hacerlo más venial y más humano, y ese, a su modo, es también un servicio que se le presta a Dios, que todo lo ve.”
“Y ahora entra en escena otra vez el silencio, su majestad el silencio, el que a veces te obliga a decir lo que no quieres y a callarte lo que anhelas decir, el urdidor de equívocos, de esperanzas, de angustias, de culpas, de las más fantásticas sugerencias e hipótesis, espada que hiere y elixir que alivia, cornadas de grillo que a veces son mortales, escaparate y trastienda donde ocultarse o exhibirse, albergue donde descansar y laberinto en el que extraviarse, el comediante de las mil caras, el único capaz de decir lo indecible, el histrión desvergonzado al que no le importa hacer público lo inconfesable sin miedo ni rubor, el mago que convierte lo claro en turbio y lo inescrutable en evidente, el que con más secreta elocuencia nos define, porque tanto o más que por nuestras palabras los demás nos conocen e intuyen por nuestros silencios.”
“Esta historia es como mi vida, un completo absurdo”

“Con los años uno se acomoda a lo que hay, negocia con uno mismo y con el mundo, porque, como bien decía mi padre, todo en la vida es negociable, ahora comienzo a comprenderlo, ahora que empiezo a vivir en el presente sin otra patria que el presente. Quien sabe, quizá aceptando mi fracaso, es decir, aceptándome, consiga, si no ser feliz, al menos un poco de sosiego y de paz.”·
Tendremos que perdonarle que le atribuya el famoso "eureka" a Pitágoras

viernes, 21 de abril de 2017

Lezo, Gürtel, 3%,...

De vez en cuando veo el programa de Wyoming en la Sexta. Cada vez con menos frecuencia. Porque resulta aburrido, por reiterativo, por ya oído y visto, por ya conocido, porque de una misma noticia sólo cambian los nombres de los impugnados, los detenidos, los imputados, los investigados, … y las cantidades (siempre superiores a lo que yo tendré en lo que me queda de vida).
Anoche lo vi. Era mi primera opción de tele después de la cena. Reconozco que lo hice, más que nada, porque estaba ansioso, expectante, divertido de antemano, con la venganza a flor de boca.
Suponía que se cebaría en Marhuenda. Sobre todo después de haber leído en el diario.es, a propósito de sus insultos a una mujer. esto: El director del periódico conservador ha querido dejar claro que "no se trata de machismo" porque tiene "hijas". Había buena carnaza.
Pero, en la primera media hora larga (hasta que cambié de canal) sólo una breve referencia a su obligada declaración ante el juez.
¿Será que Marhuenda, además de otras muchas cosas (y de otras muchas fuentes de ingresos) no deja de ser uno de los tertulianos habituales de la Sexta? ¿Uno de los tertulianos más necesarios en sus programas-tertulia porque siempre resulta “interesante”, histriónico (en sus palabras más que en sus gestos), un buen “acicate” para que no decaiga?
“Ya conocen ustedes las noticias. Ahora les contaremos la verdad”. Toda la verdad, no.
Y hoy, como no podía ser de otra manera, vuelta a la realidad, a toda la verdad. O sea que la Hacienda bizkaina me comunica que en el año 2016 me corresponde meter en la caja más de siete mil euros.
Y mi pobre y débil estrategia financiera apenas me va a proporcionas la desgravación de un par de cientos de ellos (si tengo bien todos los papeles, que ya se verá si no me falta alguno).

Hay que rellenar la caja. La tenemos que rellenar tú y yo. No sea que un día metan la mano y sólo encuentren telarañas. Los que salen en las noticias de Wyoming también tienen sus necesidades.

martes, 11 de abril de 2017

Total Khéops

Llegué a Jean Claude Izzo y a Paco Camarasa de la mano de Txutxi  (a cada cual lo suyo) y, si mi memoria no me traiciona demasiado, en fechas cercanas entre sí, aunque ya lejanas de hoy.
Paco Camarasa fue, entre otras muchas cosas, el librero de “Negra y Criminal”, a cuyo blog estuve suscrito mientras duró y que, aun hoy, sigue mandándome noticias sobre novela negra de mucho interés.
Son muchos los autores a los que he llegado siguiendo sus consejos… aunque siempre me han estimulado más las recomendaciones de la librera.
Paco Camarasa acaba de publicar “Sangre en los estantes” , un más que interesante ensayo sobre la novela negro-criminal y sus autores y autoras, que os recomiendo encarecidamente.
En ese ensayo, Paco dice estos: “Si tuviera que recomendar un solo libro de novela negra (no confundir con novela policial) sería, sin duda, Total Khéops
Y yo que llevaba con ella varios meses en mi ebook, porque había decidido releer a Izzo, no he necesitado más.
Total Khéops es la primera parte (independientes las tres entre sí) de una trilogía que trascurre en Marsella, aunque hay quien llega a afirmar que Marsella, más que su entorno geográfico, es el verdadero protagonista. He vuelto  sobre ella y la he releído con mucho placer.
No tardéis mucho en embarcaros en el bote de Fabio Natale, el poli (el que me dio la primera noticia del Lavagulin), en el que encontraréis páginas de increíble ternura, muerte, corrupción, desprecio por cualquier valor humano, racismos, fascismo, drogas, armas, amistad, ganas de cambiar el mundo, … O sea, lo mejor de la novela negra.
Os dejo algunas de sus perlas:
“Nos habíamos hecho hombres. Desengañados y cínicos. Un tanto amargos también. No teníamos nada. Ni siquiera un CAP. No teníamos futuro. Sólo la vida. Pero la vida sin futuro era todavía menos que nada”.
“Por primera vez, preví que comprender quizá no fuera suficiente. Comprender es una puerta que se abre, pero no se sabe lo que hay detrás.”
“El blanqueo del dinero de la droga ayudaba al necesario reimpulso económico. Tanto patronos como políticos lo veían así”.
“Era siempre el final anunciado el que se cernía sobre nosotros. Bastaba con abrir los periódicos por la página de internacional o de sucesos. No hacían falta armas nucleares. Nos mataríamos los unos a los otros con un salvajismo prehistórico. No éramos más que dinosaurios, y lo peor es que lo sabíamos.”
“No confiaba ya en la justicia de mi país”.

“Me volvía loco. Había muerte por todos los lados. En mis manos. En mis labios. En mi boca. En mi cuerpo. En mi mente. Era un muerto viviente.”

viernes, 31 de marzo de 2017

Recursos inhumanos

Esta tarde he acabado de leerla y aún estoy perplejo por la noche. “Recursos inhumanos”, la última novela traducida de Pierre Lemaitre (es del 2009) se lee “como un tiro”, en un auténtico y continuado “sprint”. Sin resuello. Casi obligándote a “déjala, ya seguirás mañana”.
Y cuando acabas y te detienes, casi en seco, empiezas a pensar que no, que no es posible, que resulta absolutamente inverosímil, que “te la han colado”.
Perplejo: “El suspense, impecable; los giros, desconcertantes; la emoción,  bien dosificada”, he leído que dice una tal  Philippe Lemaire.
¿Es una maravilla de novela? Ya su primer capítulo es espectacular (me recuerda a lo mejor de Manskell). Y, muchas de sus partes están tan bien escritas…
Pero, estoy seguro de que es exagerada. ¿Tanto como para invalidarla?
Me ha gustado mucho. La perplejidad es lo que me ha quedado al final, después de acabarla. ¿Importa mucho?
“Recursos inhumanos” es la historia de un parado mayor de 50 años que quiere volver a trabajar:
Nos robaron la confianza en nuestra propia vida, nuestra seguridad, nuestro futuro. Eso es todo lo que quería reconquistar”

Por eso, cuando lo cree reconquistado, puede decir: “ahora es como si hubiese cometido fraude fiscal: tengo derecho a vivir en el barrio VIP”

miércoles, 29 de marzo de 2017

Envejecer o ser viejo

Cuando hace muchos años estudiaba sociología del lenguaje aprendí que nada tiene existencia real e individualizada hasta que una palabra no lo define, estableciendo los límites entre los otros que no son él y él que no es los otros.
Es la grandeza y la responsabilidad del lenguaje.
Kostas Jaritos (lo he recordado hace nada), el poli de Petros Márkaris, cuando necesita luz en medio de sus investigaciones o de su vida diaria, acude al diccionario y busca allí la definición de lo que no acaba de entender. Le funciona. ¡Qué suerte la suya! Probemos a ver.
Pero, antes, pongámonos en situación.
Dicen que, cuando una mujer cae embarazada, ve mujeres embarazadas allá por donde pasa. Puede que a mí me ocurra lo mismo. No con el embarazo, pero sí con las cosas de los viejos: O sea, que no hago más que ver y oír, por todas partes, llamadas al envejecimiento activo (tanto que no hace ni 20 días que hable de ello en este mismo blog).
Necesito. Realmente tengo necesidad de decir tres cosas que me parecen evidentes:
1. Mientras uno está envejeciendo, no ha llegado aún a viejo.
2. Mientras todos estemos envejeciendo, nadie habrá llegado a viejo.
3. Todos estamos envejeciendo, luego, no hay viejos.
Se acabó el problema de los viejos. Viejos son los trapos. No nos preocupemos de quienes no existen.
Es más que probable que por aquí vayan los tiros. Algunos tiros: si usted no sabe envejecer, es problema suyo.
Pues bueno. Yo sí soy viejo. Yo ya no estoy envejeciendo. Yo ya he envejecido y he llegado a la meta: la vejez. Me ha costado mucho (casi 70 años), pero he llegado.
¿Nos puede ayudar el diccionario? Esta vez uso el de la Real Academia:
Viejo, ja
Del lat. vulg. veclus, y este del lat. vetŭlus, dim. de vetus.
1. adj. Dicho de un ser vivo: De edad avanzada. Apl. a pers., u. t. c. s.
2. adj. Existente desde hace mucho tiempo o que perdura en su estado. Mantenemos una vieja amistad.
Y siguen 11 acepciones más, que no interesan ahora.
Parece claro que soy de edad avanzada. Al menos así lo dice el mundo del trabajo (que es uno de los más definitorios en sociología). Parece claro que soy viejo.
Hablemos entonces de “viejos activos” y dejémonos de monsergas.
Porque, cuando uno es viejo, sus problemas-ocupaciones-preocupaciones-ilusiones-esperanzas-… son las de los viejos, que, como el viejo tiene mucho en común con ellos, son las mismas que las del niño y las del  joven y las del adulto (¿me dejo a alguien?). Y ese es el campo de su actividad. Posiblemente también el de su activismo. Ahí debe hacerse visible, no en esa nebulosa inconsistente del envejecimiento (que comienza cuando uno nace).
Ahora bien, no perdamos de vista que si los viejos existimos y somos diferentes también nuestras preocupaciones son diferentes, o se ven de diferente manera a como las ven o las sienten quienes aún no son de “edad avanzada”.
Y aquí engancharía con esa noticia que aparece hoy en los periódicos: el Congreso va a regular el derecho a una muerte digna.
¡Qué gran patochada! Supongo que se tratará de ver cómo se reparten (y quién se queda con la mejor parte) los recursos sedativos o paliativos entre aquellos que ya no pueden más con su vida.
La pregunta, el tema, el centro de cualquier debate serio debe ser no el de la eutanasia, no, sino el del suicidio asistido: ¿qué recursos voy a tener yo (y tú) para abandonar esta vida en  las mejores condiciones, si un día así lo decido (lo decido yo)?

Pero, esto es asunto de muchas entradas de blog y de muchas reuniones del Congreso (cuando llegue la hora… que llegará).

martes, 21 de marzo de 2017

Offshore

Siempre resulta agradable, interesante y aleccionador lee a Petros Márkaris. Esta vez también.
Pero “OffShore” no pasará a la historia como una de sus mejores novelas. Está naciendo en mí la sospecha de que con Petros Márkaris nos va a pasar un poco como con Camilleri: que el tiempo no pasa en vano… y es muy fácil que los autores se “ablanden”. Ojalá me equivoque.
En “OffShore” la crisis parece haber quedado atrás. Jaritos se debate en la tensión de creer que es así, y regocijarse de que la situación (la suya, la de su familia, la de sus conciudadanos) esté empezando a mejorar rápidamente, y la duda de que no estén ante el mismo espejismo que no hace mucho dio lugar a la mayor crisis por la que los griegos han tenido que pasar.
Y eso se traduce en una pregunta continua: ¿de dónde viene el dinero, que está solucionándolo todo?.
Posiblemente, Márkaris se retrata con absoluta fidelidad en su personaje.
En ese contexto, se desarrolla el ejercicio profesional de Jaritos: tres asesinatos a resolver. Que tampoco importan mucho en sí mismos, que sirven para fundamentar esa pregunta por el origen del dinero salvador.

Offshore se le muy fácil, como todas las novelas de P. Márkaris, y es, posiblemente, la más “familiar” de ellas: uno de cada dos capítulos, aproximadamente, tienen lugar en el seno de la familia. Y las preocupaciones, alegrías, esperanzas, temores de Jaritos giran, más que nunca en torno a ella.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Funeral en el pueblo

La iglesia, situada en lo más alto del pueblo, resulta inaccesible en automóvil.
Por eso, un buen grupo de vecinos, familiares, amigos, se junta, casi en silencio, esperando la llegada del coche fúnebre en lo que podríamos considerar para los efectos una plaza, la más próxima a la iglesiaEs que ha muerto Emilio, el “tío” Emilio.
“Tío”, en el pueblo, es una especie de título civil. Familias con muchos hermanos, que, a su vez, han engendrados proles considerables, hacen que el tío sea alguien bien visible. Son más los que le llaman tío que los que le llaman padre. Se diría que en el pueblo, mientras las generaciones permanecen allí, cuando son chicos y aún no han marchado a la ciudad, uno es más tío que padre.
Pero, volvamos. El tío Emilio ha muerto.
Y cuando llega el coche fúnebre, el cura vestido, con todos sus ornamentos litúrgicos, baja hasta la plaza, sacan el féretro del coche y entre varios lo llevan hasta el templo, donde tiene lugar el funeral religioso.
Luego, llega la “procesión” al cementerio, procesión más civil que religiosa, por mucho que en cabeza, tras el féretro, se coloque el cura con todos sus atributos rituales: ornamentos, libro, hisopo,…
Una vez en el cementerio, colocan el féretro en un nicho y proceden a un cierre, provisional en tanto no se coloque la lápida que confirme quién es el que yace allí.
No sé cuánto tiempo ha durado esa “procesión” semi silenciosa. Supongo que unos quince minutos, porque éste es un recorrido habitual en mis paseos.
Pero, ese tiempo ha sido suficiente para que yo encadene tres pensamientos seguidos: resulta que, a pesar de mis casi 70 años vividos, a pesar de haber conocido varias muertes y sus consiguientes funerales, ésta es (que yo recuerde) la primera vez que participo en una “procesión” de este tipo. Y es que en la ciudad nada de esto se hace ya (si alguna vez se hizo). La ciudad no es espacio que permita tales expresiones cívicas. ¡Menudos atascos se iban a provocar!
Luego, he pensado que, sin embargo, nada de lo que allí acontecía me era extraño. Era como si yo lo “conociera” muy bien: mis lecturas, alguna película de cine,… Aquel no dejaba de ser “mi” mundo, “mi” cultura.
Y, por fin, me ha venido a la cabeza una reflexión que un día antes escuchaba de una profesora de Historia del Arte: “en mis clases de la Universidad –decía – cada vez me resulta más difícil “explicar” el Renacimiento o el Barroco. Y es que hablo para jóvenes que no tiene ninguna referencia para entender la Inmaculada o Moisés”.
Hoy, por muchas razones que ahora no vienen a cuento, con Emilio se está muriendo la última generación de “tíos”, que yo conozco. El título se está quedando vacío. Ya no hay nuevos “tíos”.
Sin duda, algo sigue cambiando. Pero lo que sí ha venido a cuento es que Emilio, el tío Emilio ha muerto.
Y para que el cambio cultural continúe, no diré ya “descanse en paz”, sino “recordémosle como lo que fue: constructor y parte de una familia que perdurará hasta el final de los tiempos a través de las muchas culturas diferentes, que han sido y que serán”.


Nota.- Para todos aquellos preocupados (yo incluido) por la visibilidad de esa media humanidad invisible, la de las mujeres, debo decir que ha muerto un varón, pero si hubiera muerto una mujer, mi entrada estaría escrita en “femenino” sin variar ni un ápice en todo lo demás.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Envejecimiento activo

Que cada vez somos más los viejos (en cantidad) es evidente. Que cada día hay más servicios, atenciones, planes, viajes,… preparados para nosotros, un hecho incontestable.
Que cada vez son más las investigaciones, científicas, médicas, sociológicas, psicológicas,…, que tratan de conocer, alargar y mejorar nuestros últimos años, parece innegable.
Hay un concepto que engloba todo esto: el envejecimiento activo. Nada de descansar. Actuar. Menear las piernas. Mover el cerebro. No parar quieto.
Tanto que, a veces, tengo la impresión de que muchos de mis congéneres van a sufrir un terrible estrés, porque a todo ese movimientos le añaden una carga de necesidad (para estar en forma) y de culpabilidad (en caso de pararse un rato para no hacer nada). A veces, me parece que estamos en “la adolescencia de la vejez”.
Bueno, en este contexto (y como a mí también me ocupa y preocupa esto del envejecimiento activo) el lunes estuve en una charla (clase, le llaman en las aulas de Hartu-Emanak, a las que asisto con regularidad una vez por semana). La charla-clase trataba sobre cómo mantener y ampliar la memoria. Dijeron muchas cosas interesantes y nos presentaron (¿a modo de “deberes”?) una batería de posibles actuaciones en pro de mejorar nuestro cerebro.
Luego, nos rifaron unos libros (de ejercicios) y me tocó uno (¿me señaló el maldito destino?). Con él en la mano, y con un simple vistazo, comprobé lo que ya venía sabiendo: era, más o menos, como uno cualquiera de aquellos varios tomos de materiales que preparé para usar en mis clases con el objetivo de que los alumnos no “mataran” el rato, sino que le dieran un uso interesante. Buscaban todos ellos, como éste, trabajar en la mejora de la atención, la lógica, el razonamiento, la agudeza visual, la velocidad de respuesta, …
Me consta que esos materiales siguen dando vueltas por ahí, en manos de otros alumnos, en manos de otros educadores. Pero, me planteo recogerlos y pensar en cómo darles nueva vida al dirigirlos a nuevos “alumnos” (un poquito más viejos). No sé si lo haré.
Porque, tarde o temprano, al concepto del envejecimiento activo habrá que añadirle la postillas de: “y productivo”. Cada vez somos más los viejos y cada vez más los años de vida activa que nos quedan. Algo habrá que hacer, nosotros también, para contribuir a la mejora del Producto Interior Bruto. Que, si nos dejaran, se nos ocurrirían muchas cosas… y las montaríamos.
Como para alguno de vosotros puede resultar interesante (para vuestro entrenamiento personal, o como materiales elaborados para trabajar con niños, adolescentes,…) os paso algunas direcciones que nos dieron y que he comprobado: las APP (móvil u ordenador) de Peak, de Lumosity y las Torres de Hanoi. Los ejercicios interactivos de memoria del Ayuntamiento de Madrid (buscadlo en Google con estas palabras). Y esta dirección: http://blog.laharelkargoa.org/psikoestimulazio-liburua/. En ella podéis descargar un libro entero en euskera o en castellano.

Buen provecho.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Cuatro por cuatro

Recojo palabras de la web de la propia editorial (Anagrama) para recomendaros “Cuatro por cuatro” de Sara Mesa, porque son más claras de las que yo podría escribir ahora.
Después trataré de encontrar una novela negra que me ayude a descansar de tanta “negrura” como hay en las novelas de esta escritora.
“Cuatro por cuatro arranca con la historia de un grupo de chicas, lideradas por Celia, que se han fugado de un colegio pero que son atrapadas y devueltas a la institución. El colegio del que huían, el Wybrany College, es un internado completamente incomunicado del exterior y destinado a los hijos de familias acomodadas, los únicos que pueden aspirar a salvarse de un mundo en descomposición en el que la vida en la ciudad se ha hecho imposible. Pero el Wybrany College también acoge a los llamados «especiales», chicos becados cuyos padres trabajan al servicio del proyecto. Las relaciones entre ambos grupos y entre ellos, los profesores y los miembros de la Dirección –el Sr. J., la Culo o el Guía– internarán al lector en un microcosmos dominado por la manipulación y el aislamiento. Con una narrativa fragmentaria, indirecta y muy depurada, la primera parte de la novela es una suerte de enigma cuyo sentido se completará más adelante.
En la segunda parte de la obra la perspectiva cambia con la irrupción de Isidro Bedragare, un profesor sustituto que va recogiendo en un diario su particular visión de los hechos que ocurren en el extraño internado, y que a su vez también esconde un secreto.
Narrada con un peculiar estilo que juega con la insinuación y las zonas de sombra, el lector irá descubriendo en la novela un universo literario autosuficiente, inquietante y enigmático, definido por unas normas propias que apelan a las relaciones de poder entre los distintos personajes y una violencia sórdida, latente, siempre a punto de estallar.
Con esta excelente novela, Sara Mesa ahonda en la construcción de un espacio literario propio, siempre en los límites de la realidad, con personajes marcados por la desolación y la impotencia, el humor soterrado y un sutil poso crítico. Cuatro por cuatro es, en realidad, un canto a la libertad mediante la mostración de su reverso: la opresión, el aislamiento y el miedo al exterior generan monstruos.”


viernes, 24 de febrero de 2017

La tela de araña de la justicia

Con un poco más de tiempo y tranquilidad os paso estas dos citas que explican mi comentario de ayer sobre la ley:

Anacarsis fue un príncipe escita que, hacia el siglo VII a. C., conquistó una región al norte del Ponto Euxino y viajó mucho por Grecia, adquiriendo reputación de sabiduría. Al pasar por Atenas visitó al legislador Solón. Tras conseguir la difícil amistad del famoso jurista griego, le reprochó en un banquete ser tan ingenuo como para creer que sus leyes iban a contener las injusticias y frenar la codicia de los ciudadanos y afirmó que las leyes son meras telas de araña, que rompe cuando quiere el poderoso como un pájaro, mientras que sufren los débiles como insectos su rigor. (De Wikiquote, la colección libre de citas y frases célebres

La ley es tela de araña, y en mi ignorancia lo explico,
no la tema el hombre rico, no la tema el que mande,
pues la rompe el bicho grande y sólo enrieda a los chicos.
Es la ley como la lluvia, nunca puede ser pareja,
el que la aguanta se queja, más el asunto es sencillo,
la ley es como el cuchillo, no ofiende a quien lo maneja.
Le suelen llamar espada y el nombre le sienta bien,
los que la manejan ven en dónde han de dar el tajo,
le cae a quién se halle abajo, y corta sin ver a quién.
Hay muchos que son doctores, y de su ciencia no dudo,
mas yo que soy hombre rudo, y aunque de esto poco entiendo
diariamente estoy viendo que aplican la del embudo.
Martín Fierro

jueves, 23 de febrero de 2017

Cara de tontos

Nadie se arriesga por lo que no necesita. ¿Alguno de vosotros cree que existe algún riesgo de que Urdangarin se fugue de la justicia española? ¿Por qué correr riesgos innecesarios?
Llevo horas (días, semanas, años,…) dándole vueltas a qué escribir. Porque, ¿qué importancia tiene lo que diga este blog?; ¿qué interés tiene vuestro juicio?; ¿qué valor nuestro sentimiento? ¿Para qué nuestra rabia, la indignación que nace de la indefensión frente a quien nos agrede impunemente y de la impotencia ante el que se queda fraudulosamente con una buena parte de nuestros impuestos?
La justicia –lectores de novela negra- es una tela de araña: sólo atrapa a las presas pequeñas.
Este año no deberíais tener problemas para decidir de qué disfrazaros en el carnaval que empieza: de tontos del bote, para hacer juego con la cara que se nos va quedando.

Con disfraz o sin él disfrutad estos días.

jueves, 16 de febrero de 2017

Cicatriz

Como la historia extraña, muy extraña, de una relación de sometimiento-sumisión. Así he leído yo “Cicatriz” de Sara Mesa. Y habrá otro montón de lecturas. Eso es lo que provoca, entre otras cosas, una buena novela.
Dos personajes. Muy poco acompañados. Muy poco situados en el tiempo o el espacio. Y una relación. Una, porque podían haber sido muchas otras. Sus sentimientos, variables, sus reflexiones, profundas unas veces, de una simpleza ingenua, otras. Y, como telón de fondo un problema moral: ¿está bien robar en los grandes almacenes? Pero sin exagerar ni en lo de problema ni en lo de moral: se hace y ya está; no le demos muchas vueltas.
Una novela que se lee “de tirada”, sin complicaciones, pero con un lenguaje muy ajustado. Aunque, de entrada, la cita de un montón de escritores, me haya hecho temer que se tratara de una novela “culta”. Nada de eso (aunque algo habrá y algo más sacará el lector formado en literatura).

Me ha gustado “Cicatriz”. Tanto que voy a empezar otra novela de la misma autora.

jueves, 2 de febrero de 2017

Una profesora harta

No sé si será muy correcto “fusilar” aquí textualmente una noticia de un periódico. Espero que lo que sigue merezca arriesgar la posible falta de apropiación de algo que no es mío.  Supongo que Eva María Romero me lo permitiría.
El texto que sigue está textualmente tomado de “Eldiario.es – Andalucía” y yo lo leí en la noche de ayer. Viene bajo el epígrafe: “La carta de una profesora de Instituto que está harta”. Lo copio sin más comentarios:

Intervención de Eva María Romero Valderas en el claustro de profesores del 17 de enero de 2017 del IES Isidro de Arcenegui de Marchena:
Vayan por delante dos premisas:
1ª: No tengo nada en contra del Equipo directivo. Esto que voy a decir a continuación no es producto de una situación puntual que deba resolverse con una modificación del Plan de Centro ni nada parecido. Sí quiero que conste en acta.
2ª: Esto que voy a hacer ahora se llama arenga: discurso militar para enardecer a las tropas antes de entrar a la batalla.
¡Ya estoy harta!
Ya está bien señores de seguir aguantando.
Yo no estoy aquí para aguantar, y utilizo las palabras textuales que un padre me dijo por teléfono cuando lo llamé para que corrigiera la actitud de su hija, que no me dejaba hacer mi trabajo.
A mí, que yo sepa, me pagan para enseñar, no por aguantar.
Harta de la sociedad, que encumbra a seres que presumen de su ignorancia, que valora a un futbolista o a un ‘nini’ más que a una persona con estudios, respetuosa y educada. De los programas de televisión, que presentan como modélicos a aquellos que sin estudios y sin sacrificio alguno se han colocado ganando un sueldazo por criticar, acostarse con, comprar en…
Estoy harta de aguantar la mala educación con la que llegan, cada vez en mayor porcentaje, los niños al Instituto. La falta de consideración, no digo ya de respeto, hacia mi persona cuando entro en las clases, que parece como si entrara el viento por la ventana.
Harta del proteccionismo de los padres, que quieren que sus hijos aprueben sin esfuerzo y sin sufrir, sin traumas… De la falta de valoración del esfuerzo que sí hacemos nosotros.
Harta de la Administración, que cambia las leyes y la normativa que rige en mi trabajo sin preguntarme qué opino y sin darme formación para hacer bien mi nuevo trabajo. Que me coloca dos horas más en el horario lectivo y me explota laboralmente, porque yo, en los últimos años, lo único que hago es trabajar, trabajar como una posesa. Ya, hasta mis hijos me lo dicen.
Ahora dicen que nos van a devolver esas horas, ¿sabéis donde nos la van a devolver? En el horario irregular que dedicamos en casa, el que nadie ve. Yo tardo cinco horas en corregir 30 exámenes de 1º de Bachillerato, entonces ¿ya esa semana no doy ni una hora más en casa, no? Ya no programo, no preparo mis exámenes, no me actualizo para utilizar la Tablet (que me he comprado de mi bolsillo para trabajar mejor), ni para saber utilizar la plataforma digital del Centro, no relleno informes de faltas, no redacto actas…y un largo etcétera de tareas invisibles.
El colmo es que algunos de nosotros nos hemos planteado pedir reducción de jornada, cobrando menos, para hacer bien nuestro trabajo. Pero, ¿adónde vamos a llegar? ¿En qué trabajo se hace eso? ¿Dónde se ha visto renunciar a tu salario para dormir con la conciencia tranquila? Esto no pasa en ningún lado.
Y encima de todo hay que aguantar "¡Qué bien viven los maestros!" Porque para la sociedad somos unos privilegiados que "no damos un palo al agua".
Las 67 propuestas de mejora de la Educación famosas no vienen sino a machacarnos todavía más. ¿Qué vamos a hacer cuando a un alumno no lo podamos expulsar unos días por mal comportamiento? Además, tampoco está bien visto que lo pongamos a barrer o hacer tareas para la comunidad… el padre no quiere que humillemos a su hijo. Pues yo creo que debemos imbuirnos de la gracia del Juez Calatayud. Autoridad somos igual que él. Ejerzamos nuestra autoridad, es lo único que la ley nos reconoce, hagámosla efectiva.
Tenemos que hacernos oír, actuar como colectivo, no irnos quejando por los rincones, a escondidas, que parece que nos da vergüenza. Así no se nos oye fuera. Gritemos nuestro inconformismo, no podemos seguir así, exijamos nuestros derechos como trabajadores, que parece que todo el mundo tiene derechos menos nosotros.
Enseñamos a nuestros alumnos para ser críticos, mentes libre pensadoras que puedan elegir y discriminar lo que les conviene de lo que no, y nosotros somos los primeros aborregados, no hacemos nada, seguimos agachando la testuz para que el yugo nos caiga con más fuerza.
Yo así no aguanto más, vosotros haced lo que queráis. Llevo 19 años en la docencia, tengo 45, a lo mejor es mi crisis de la mediana edad... pero, si algo me han dado los años es valor, no tengo miedo, y, como me aprieten más el tornillo, saltaré como un resorte. Solo quiero avisar: de aquí en adelante no pienso quedarme callada ‘por educación’. Contestaré en el mismo tono y con la misma contundencia que se me trate.

A mí me gusta enseñar y transmitir. Me gusta el trato con los alumnos, los quiero y animo. Me considero un motor social de cambio, una fuerza generatriz. No soy un burro de carga dispuesto a aguantar hasta que reviente.

domingo, 29 de enero de 2017

Falcó

“Falcó”, de Arturo Pérez-Reverte, es una novela de aventuras, desarrollada en el marco histórico de la Guerra Civil Española.
Es una novela que se lee muy fácilmente, bien escrita, ágil,  y entretenida. Y nada más si uno no se enfrasca en disquisiciones (y nos hay por qué hacerlo) políticas, ideológicas o éticas.
Quizás de ella se pueda desprender lo que él mismo apuntaba en su página de “XL Semanal” de hoy mismo:

En la guerra y postguerra civil cayó gente buena de ambos bandos: españoles honrados que luchaban por sus ideas o se vieron atrapados, a su pesar, en aquel disparate sangriento. Pero cuidado. […] Los españoles tuvimos abuelos admirables en ambos bandos, y también sucios oportunistas y abyectos criminales.”

viernes, 27 de enero de 2017

La buena noticia

No hablaré esta vez del evangelio.
Me han subido la pensión 5€ al mes (líquidos; en brutos más). Ya sé que soy uno de los privilegiados, porque la subida media no habrá alcanzado los 3.
Y me han metido en un lío. Menudo laberinto. Que me ha dado por pensar y resulta que con semejante capital se pueden hacer muchas, muchísimas cosas. Por ejemplo alguna (en singular; nadie sueñe con hacer dos de ellas a la vez) de éstas:
. Comprar el periódico un día entre semana todas las semanas
. Tomarte una caña o un café con pincho una semana sí y otra no
. Ir un día cada dos meses al cine, y con palomitas.
. Ver teatro una vez cada cuatro meses (y si eliges bien el sitio, igual hasta dos).
. Cada seis meses (que ya toca la extra) puedes ir a un concierto.
. Te puedes comprar 100 gramos de jamón (del bueno) y darte un homenaje cada mes.
No voy a seguir, pero comprenderéis que esta lista puede llegar al infinito.
Cuando deje de “soñar” caeré en la cuenta de que quizás no me llegue para mantener el calor de mi casa (maldita sea: uso electricidad) en los grados que ahora tiene; o de que tendré que emplearlos para pagarle al ayuntamiento el impuesto que se derive de la “regularización” del catastro.

Pero, mientras soñaba, fue bonito.

Nota.- En la media de arriba no entran esas pensiones de jubilación que o la ministra del ramo se las ha inventado o no sé de dónde salen y que llegan a 100.000 euros anuales.






2.567,28 x 14 = 35.941,92

lunes, 16 de enero de 2017

Eres un hijodeputa

No he leído hoy la prensa, pero no me resulta difícil imaginar que aún coleará el asunto de los abusos sexuales cometidos por Juan Kruz Mendizabal (“Kakux” para los amigos), vicario general de la diócesis de Gipuzkoa, contra dos o tres (ya irán saliendo algunos más) menores.
El sábado, cuando conocí la noticia, ya sabía que algo tenía que decir en mi blog. Pero no me decantaba sobre el qué y el cómo.
Algo me pedía abrir una entrada nueva para dejar escrito, sin comentario alguno: “Juan Kruz eres un hijodeputa”.
Otra parte de mí me decía que era más interesante detallar los infiernos por los que esos dos o tres menores (ya irán saliendo algunos más) han tenido que pasar y siguen pasando gracias a que tuvieron la desgracia de aproximarse a un individuo que tenía como misión enseñarles el reino de los cielos.
El domingo, los periódicos locales trataban la noticia. Un reportaje a dos páginas en el Correo para venir a decirnos y a tratar de convencernos de que Kakux era un hombre bueno, que estaba enfermo. ¡Sinvergüenzas! Todos los que abusan de menores son unos enfermos. Los que matan a sus (porque son suyas) mujeres son enfermos. Los que mandan a sus (porque son suyos) soldados a la guerra y la muerte, son enfermos. Hitler y Franco y… fueron unos enfermos. Pobres. ¡Convento para ellos! Y que no puedan salir de él durante tres años si el obispo no da permiso. ¡Sinvergüenzas!
Deia lo trataba de manera bien distinta. No sé qué espacio ocupaba porque lo vi en Internet. Pero, con mucha más coherencia, citando las palabras de uno de los mayores investigadores sobre el tema en España (Pepe Rodríguez), iba de los sufrimientos de los menores al veredicto final: “En la Iglesia hay abusos igual que en otros colectivos. Y no los cometen enfermos ni pedófilos, sino sinvergüenzas. Son adultos normales […] que abusan de los más débiles. Es el perfil más habitual”.
Desde aquí me sumo a todos los que están pidiendo que este tipo de delitos sobre menores no prescriba nunca en el tiempo y a todos los que piden, para este abusador y para otros, cárcel civil.
Por aportar algo, traigo este dato tomado de la web de Garaitza. GARAITZA es una Asociación sin ánimo de lucro, para el tratamiento del Abuso y el Maltrato en la Infancia: El 23% de las niñas y el 15% de los niños en España sufren actualmente algún tipo de abuso sexual.

¿Exagerado el dato? Por lo menos, escalofriante.

domingo, 15 de enero de 2017

Los huesos del invierno

He seguido leyendo a Daniel Woodrell. Esta vez ha sido “Los huesos del invierno”. Y no me ha decepcionado nada. Al contrario, me ha parecido una novela extraordinaria, a pesar de que transcurre en un medio geográfico y humano que me resulta extraño, desconocido.
Os copio una introducción de la editorial (Alba) que no me parece exagerada: “Daniel Woodrell acuñó la expresión country noir para referirse a sus novelas, ambientadas en las montañas de Ozark, en Missouri frontera con Arkansas. En efecto, si tomamos el paisaje, el sentimiento y los personajes de una canción country y situamos ahí una trama criminal en torno a la producción de metanfetamina, tenemos Los huesos del invierno (Winter's Bone), base de la película de culto que en 2010 ganó el Festival de Sundance. Bíblica, tremenda, iniciática, tierna y heroica, con un siniestro sentido de la solidaridad familiar y una heroína de antología, ésta es una novela negra de altos vuelos.”
Y estas dos citas de la novela:
“Pues dígale al gran hombre de mi parte que le deseo una vida larga de hipo y cagalera”

“La cortina se cerró con tanta sutileza que Ree no supo si de verdad se había abierto o si lo había deseado tanto que los ojos le compraron el deseo.”