viernes, 21 de abril de 2017

Lezo, Gürtel, 3%,...

De vez en cuando veo el programa de Wyoming en la Sexta. Cada vez con menos frecuencia. Porque resulta aburrido, por reiterativo, por ya oído y visto, por ya conocido, porque de una misma noticia sólo cambian los nombres de los impugnados, los detenidos, los imputados, los investigados, … y las cantidades (siempre superiores a lo que yo tendré en lo que me queda de vida).
Anoche lo vi. Era mi primera opción de tele después de la cena. Reconozco que lo hice, más que nada, porque estaba ansioso, expectante, divertido de antemano, con la venganza a flor de boca.
Suponía que se cebaría en Marhuenda. Sobre todo después de haber leído en el diario.es, a propósito de sus insultos a una mujer. esto: El director del periódico conservador ha querido dejar claro que "no se trata de machismo" porque tiene "hijas". Había buena carnaza.
Pero, en la primera media hora larga (hasta que cambié de canal) sólo una breve referencia a su obligada declaración ante el juez.
¿Será que Marhuenda, además de otras muchas cosas (y de otras muchas fuentes de ingresos) no deja de ser uno de los tertulianos habituales de la Sexta? ¿Uno de los tertulianos más necesarios en sus programas-tertulia porque siempre resulta “interesante”, histriónico (en sus palabras más que en sus gestos), un buen “acicate” para que no decaiga?
“Ya conocen ustedes las noticias. Ahora les contaremos la verdad”. Toda la verdad, no.
Y hoy, como no podía ser de otra manera, vuelta a la realidad, a toda la verdad. O sea que la Hacienda bizkaina me comunica que en el año 2016 me corresponde meter en la caja más de siete mil euros.
Y mi pobre y débil estrategia financiera apenas me va a proporcionas la desgravación de un par de cientos de ellos (si tengo bien todos los papeles, que ya se verá si no me falta alguno).

Hay que rellenar la caja. La tenemos que rellenar tú y yo. No sea que un día metan la mano y sólo encuentren telarañas. Los que salen en las noticias de Wyoming también tienen sus necesidades.

martes, 11 de abril de 2017

Total Khéops

Llegué a Jean Claude Izzo y a Paco Camarasa de la mano de Txutxi  (a cada cual lo suyo) y, si mi memoria no me traiciona demasiado, en fechas cercanas entre sí, aunque ya lejanas de hoy.
Paco Camarasa fue, entre otras muchas cosas, el librero de “Negra y Criminal”, a cuyo blog estuve suscrito mientras duró y que, aun hoy, sigue mandándome noticias sobre novela negra de mucho interés.
Son muchos los autores a los que he llegado siguiendo sus consejos… aunque siempre me han estimulado más las recomendaciones de la librera.
Paco Camarasa acaba de publicar “Sangre en los estantes” , un más que interesante ensayo sobre la novela negro-criminal y sus autores y autoras, que os recomiendo encarecidamente.
En ese ensayo, Paco dice estos: “Si tuviera que recomendar un solo libro de novela negra (no confundir con novela policial) sería, sin duda, Total Khéops
Y yo que llevaba con ella varios meses en mi ebook, porque había decidido releer a Izzo, no he necesitado más.
Total Khéops es la primera parte (independientes las tres entre sí) de una trilogía que trascurre en Marsella, aunque hay quien llega a afirmar que Marsella, más que su entorno geográfico, es el verdadero protagonista. He vuelto  sobre ella y la he releído con mucho placer.
No tardéis mucho en embarcaros en el bote de Fabio Natale, el poli (el que me dio la primera noticia del Lavagulin), en el que encontraréis páginas de increíble ternura, muerte, corrupción, desprecio por cualquier valor humano, racismos, fascismo, drogas, armas, amistad, ganas de cambiar el mundo, … O sea, lo mejor de la novela negra.
Os dejo algunas de sus perlas:
“Nos habíamos hecho hombres. Desengañados y cínicos. Un tanto amargos también. No teníamos nada. Ni siquiera un CAP. No teníamos futuro. Sólo la vida. Pero la vida sin futuro era todavía menos que nada”.
“Por primera vez, preví que comprender quizá no fuera suficiente. Comprender es una puerta que se abre, pero no se sabe lo que hay detrás.”
“El blanqueo del dinero de la droga ayudaba al necesario reimpulso económico. Tanto patronos como políticos lo veían así”.
“Era siempre el final anunciado el que se cernía sobre nosotros. Bastaba con abrir los periódicos por la página de internacional o de sucesos. No hacían falta armas nucleares. Nos mataríamos los unos a los otros con un salvajismo prehistórico. No éramos más que dinosaurios, y lo peor es que lo sabíamos.”
“No confiaba ya en la justicia de mi país”.

“Me volvía loco. Había muerte por todos los lados. En mis manos. En mis labios. En mi boca. En mi cuerpo. En mi mente. Era un muerto viviente.”

viernes, 31 de marzo de 2017

Recursos inhumanos

Esta tarde he acabado de leerla y aún estoy perplejo por la noche. “Recursos inhumanos”, la última novela traducida de Pierre Lemaitre (es del 2009) se lee “como un tiro”, en un auténtico y continuado “sprint”. Sin resuello. Casi obligándote a “déjala, ya seguirás mañana”.
Y cuando acabas y te detienes, casi en seco, empiezas a pensar que no, que no es posible, que resulta absolutamente inverosímil, que “te la han colado”.
Perplejo: “El suspense, impecable; los giros, desconcertantes; la emoción,  bien dosificada”, he leído que dice una tal  Philippe Lemaire.
¿Es una maravilla de novela? Ya su primer capítulo es espectacular (me recuerda a lo mejor de Manskell). Y, muchas de sus partes están tan bien escritas…
Pero, estoy seguro de que es exagerada. ¿Tanto como para invalidarla?
Me ha gustado mucho. La perplejidad es lo que me ha quedado al final, después de acabarla. ¿Importa mucho?
“Recursos inhumanos” es la historia de un parado mayor de 50 años que quiere volver a trabajar:
Nos robaron la confianza en nuestra propia vida, nuestra seguridad, nuestro futuro. Eso es todo lo que quería reconquistar”

Por eso, cuando lo cree reconquistado, puede decir: “ahora es como si hubiese cometido fraude fiscal: tengo derecho a vivir en el barrio VIP”

miércoles, 29 de marzo de 2017

Envejecer o ser viejo

Cuando hace muchos años estudiaba sociología del lenguaje aprendí que nada tiene existencia real e individualizada hasta que una palabra no lo define, estableciendo los límites entre los otros que no son él y él que no es los otros.
Es la grandeza y la responsabilidad del lenguaje.
Kostas Jaritos (lo he recordado hace nada), el poli de Petros Márkaris, cuando necesita luz en medio de sus investigaciones o de su vida diaria, acude al diccionario y busca allí la definición de lo que no acaba de entender. Le funciona. ¡Qué suerte la suya! Probemos a ver.
Pero, antes, pongámonos en situación.
Dicen que, cuando una mujer cae embarazada, ve mujeres embarazadas allá por donde pasa. Puede que a mí me ocurra lo mismo. No con el embarazo, pero sí con las cosas de los viejos: O sea, que no hago más que ver y oír, por todas partes, llamadas al envejecimiento activo (tanto que no hace ni 20 días que hable de ello en este mismo blog).
Necesito. Realmente tengo necesidad de decir tres cosas que me parecen evidentes:
1. Mientras uno está envejeciendo, no ha llegado aún a viejo.
2. Mientras todos estemos envejeciendo, nadie habrá llegado a viejo.
3. Todos estamos envejeciendo, luego, no hay viejos.
Se acabó el problema de los viejos. Viejos son los trapos. No nos preocupemos de quienes no existen.
Es más que probable que por aquí vayan los tiros. Algunos tiros: si usted no sabe envejecer, es problema suyo.
Pues bueno. Yo sí soy viejo. Yo ya no estoy envejeciendo. Yo ya he envejecido y he llegado a la meta: la vejez. Me ha costado mucho (casi 70 años), pero he llegado.
¿Nos puede ayudar el diccionario? Esta vez uso el de la Real Academia:
Viejo, ja
Del lat. vulg. veclus, y este del lat. vetŭlus, dim. de vetus.
1. adj. Dicho de un ser vivo: De edad avanzada. Apl. a pers., u. t. c. s.
2. adj. Existente desde hace mucho tiempo o que perdura en su estado. Mantenemos una vieja amistad.
Y siguen 11 acepciones más, que no interesan ahora.
Parece claro que soy de edad avanzada. Al menos así lo dice el mundo del trabajo (que es uno de los más definitorios en sociología). Parece claro que soy viejo.
Hablemos entonces de “viejos activos” y dejémonos de monsergas.
Porque, cuando uno es viejo, sus problemas-ocupaciones-preocupaciones-ilusiones-esperanzas-… son las de los viejos, que, como el viejo tiene mucho en común con ellos, son las mismas que las del niño y las del  joven y las del adulto (¿me dejo a alguien?). Y ese es el campo de su actividad. Posiblemente también el de su activismo. Ahí debe hacerse visible, no en esa nebulosa inconsistente del envejecimiento (que comienza cuando uno nace).
Ahora bien, no perdamos de vista que si los viejos existimos y somos diferentes también nuestras preocupaciones son diferentes, o se ven de diferente manera a como las ven o las sienten quienes aún no son de “edad avanzada”.
Y aquí engancharía con esa noticia que aparece hoy en los periódicos: el Congreso va a regular el derecho a una muerte digna.
¡Qué gran patochada! Supongo que se tratará de ver cómo se reparten (y quién se queda con la mejor parte) los recursos sedativos o paliativos entre aquellos que ya no pueden más con su vida.
La pregunta, el tema, el centro de cualquier debate serio debe ser no el de la eutanasia, no, sino el del suicidio asistido: ¿qué recursos voy a tener yo (y tú) para abandonar esta vida en  las mejores condiciones, si un día así lo decido (lo decido yo)?

Pero, esto es asunto de muchas entradas de blog y de muchas reuniones del Congreso (cuando llegue la hora… que llegará).

martes, 21 de marzo de 2017

Offshore

Siempre resulta agradable, interesante y aleccionador lee a Petros Márkaris. Esta vez también.
Pero “OffShore” no pasará a la historia como una de sus mejores novelas. Está naciendo en mí la sospecha de que con Petros Márkaris nos va a pasar un poco como con Camilleri: que el tiempo no pasa en vano… y es muy fácil que los autores se “ablanden”. Ojalá me equivoque.
En “OffShore” la crisis parece haber quedado atrás. Jaritos se debate en la tensión de creer que es así, y regocijarse de que la situación (la suya, la de su familia, la de sus conciudadanos) esté empezando a mejorar rápidamente, y la duda de que no estén ante el mismo espejismo que no hace mucho dio lugar a la mayor crisis por la que los griegos han tenido que pasar.
Y eso se traduce en una pregunta continua: ¿de dónde viene el dinero, que está solucionándolo todo?.
Posiblemente, Márkaris se retrata con absoluta fidelidad en su personaje.
En ese contexto, se desarrolla el ejercicio profesional de Jaritos: tres asesinatos a resolver. Que tampoco importan mucho en sí mismos, que sirven para fundamentar esa pregunta por el origen del dinero salvador.

Offshore se le muy fácil, como todas las novelas de P. Márkaris, y es, posiblemente, la más “familiar” de ellas: uno de cada dos capítulos, aproximadamente, tienen lugar en el seno de la familia. Y las preocupaciones, alegrías, esperanzas, temores de Jaritos giran, más que nunca en torno a ella.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Funeral en el pueblo

La iglesia, situada en lo más alto del pueblo, resulta inaccesible en automóvil.
Por eso, un buen grupo de vecinos, familiares, amigos, se junta, casi en silencio, esperando la llegada del coche fúnebre en lo que podríamos considerar para los efectos una plaza, la más próxima a la iglesiaEs que ha muerto Emilio, el “tío” Emilio.
“Tío”, en el pueblo, es una especie de título civil. Familias con muchos hermanos, que, a su vez, han engendrados proles considerables, hacen que el tío sea alguien bien visible. Son más los que le llaman tío que los que le llaman padre. Se diría que en el pueblo, mientras las generaciones permanecen allí, cuando son chicos y aún no han marchado a la ciudad, uno es más tío que padre.
Pero, volvamos. El tío Emilio ha muerto.
Y cuando llega el coche fúnebre, el cura vestido, con todos sus ornamentos litúrgicos, baja hasta la plaza, sacan el féretro del coche y entre varios lo llevan hasta el templo, donde tiene lugar el funeral religioso.
Luego, llega la “procesión” al cementerio, procesión más civil que religiosa, por mucho que en cabeza, tras el féretro, se coloque el cura con todos sus atributos rituales: ornamentos, libro, hisopo,…
Una vez en el cementerio, colocan el féretro en un nicho y proceden a un cierre, provisional en tanto no se coloque la lápida que confirme quién es el que yace allí.
No sé cuánto tiempo ha durado esa “procesión” semi silenciosa. Supongo que unos quince minutos, porque éste es un recorrido habitual en mis paseos.
Pero, ese tiempo ha sido suficiente para que yo encadene tres pensamientos seguidos: resulta que, a pesar de mis casi 70 años vividos, a pesar de haber conocido varias muertes y sus consiguientes funerales, ésta es (que yo recuerde) la primera vez que participo en una “procesión” de este tipo. Y es que en la ciudad nada de esto se hace ya (si alguna vez se hizo). La ciudad no es espacio que permita tales expresiones cívicas. ¡Menudos atascos se iban a provocar!
Luego, he pensado que, sin embargo, nada de lo que allí acontecía me era extraño. Era como si yo lo “conociera” muy bien: mis lecturas, alguna película de cine,… Aquel no dejaba de ser “mi” mundo, “mi” cultura.
Y, por fin, me ha venido a la cabeza una reflexión que un día antes escuchaba de una profesora de Historia del Arte: “en mis clases de la Universidad –decía – cada vez me resulta más difícil “explicar” el Renacimiento o el Barroco. Y es que hablo para jóvenes que no tiene ninguna referencia para entender la Inmaculada o Moisés”.
Hoy, por muchas razones que ahora no vienen a cuento, con Emilio se está muriendo la última generación de “tíos”, que yo conozco. El título se está quedando vacío. Ya no hay nuevos “tíos”.
Sin duda, algo sigue cambiando. Pero lo que sí ha venido a cuento es que Emilio, el tío Emilio ha muerto.
Y para que el cambio cultural continúe, no diré ya “descanse en paz”, sino “recordémosle como lo que fue: constructor y parte de una familia que perdurará hasta el final de los tiempos a través de las muchas culturas diferentes, que han sido y que serán”.


Nota.- Para todos aquellos preocupados (yo incluido) por la visibilidad de esa media humanidad invisible, la de las mujeres, debo decir que ha muerto un varón, pero si hubiera muerto una mujer, mi entrada estaría escrita en “femenino” sin variar ni un ápice en todo lo demás.