Tres Microrrelatos

Incompetencia

Ayer me aburría y escribí un relato para matar el tiempo.
A partir de hoy tendré que mejorar mi técnica asesina.

Noa

Se acercó al parque. Durante todo el día sólo había abandonado el sofá lo justo para solucionar sus necesidades más básicas. El tiempo no invitaba a más. Llovía.
Pero, a la tarde el sol rompió y las nubes desaparecieron. Su tono vital subió.
Bajó rápidamente las escaleras cuando se lo pidió su amiga y con ella se encaminó al verde más cercano.
Se acercó al parque, se llenó del aire de la tarde, redescubrió con gozo la hierba y, como venía haciendo casi a diario, ladró.

El beso

                El aire se hacía denso y revoloteaba a su alrededor. Parecía como si una mariposa envuelta en transparencias aletease sin quedar prendida en la red.
                Ella no era capaz de definir lo que estaba ocurriendo, pero algo pasaba, algo se movía, algo se desplazaba allá donde ella iba. Algo buscaba un resquicio de locura para materializarse en el centro de su corazón.
                Cuando superó la sorpresa y la desconfianza, y se sintió segura, el aire se hizo mariposa y la mariposa se hizo verso y el verso se hizo beso. Y se posó en el centro de su corazón.
                El había dicho: “te mando un beso. Ahí va”.


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